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ETAPA 223 CARANAVI-SANTA BÁRBARA

62KM 1030+

Antes de ir a la cama sentimos que hemos descansado, con fuerzas para afrontar la etapa que viene. El colchón es blando y más grande que el somier, con lo que hace una especie de cuna y no es cómodo. Si le sumamos que a las 2:00 un niño se ha puesto a llorar y nos ha despejado y que a partir de las 3:00 ha comenzado una peregrinación al baño por diarreas, la noche al final se ha hecho larga y hemos descansado poco. A las 6:30 de la mañana siento que me ha arrollado un tren, estoy vacío, tan sólo nueve horas después de decir: “qué bien hemos descansado”. Comemos un poco, pero no tenemos mucha hambre. Montamos las bicis y salimos a una calle casi vacía. El contraste del hervidero de gente a la tarde con casi todos los negocios cerrados a la mañana es tremendo. Tenemos 2km de ciudad para llegar al puente que cruza el río Yara y encauzarnos por la carretera que nos lleva a La Paz. Para algunas cosas Latinoamérica es increíble, porque puedes encontrar de todo en casi todos los sitios, sin embargo cosas como el pan, nos ha pasado que no hay más que a la tarde y se acaba pronto. La tarde anterior no encontramos en ningún sitio y hoy a la mañana sólo en frente de la estación de buses. La terminal tiene varios andenes, dibujados en cada uno, autobuses de dos pisos super lujosos. La verdad es que hemos visto muy pocos en el mes y medio que llevamos. Influyen mucho los bloqueos, los problemas de combustible, pero esta carretera a La Paz tiene que ser una tortura.

Justo al cruzar el puente comienza la subida. Hoy la etapa sobre la aplicación es muy dura, pero me da que hay túneles que alteran el resultado de desnivel positivo. Tenemos un primer golpe de 8km subiendo ligeramente, hace un día soleado, vemos el cielo, hace mucho que no lo hacíamos. Toda la etapa acompañamos al río, lo dejamos a la derecha y subimos por un valle encajonado, que a ratos se abre y a ratos se estrecha siendo muy sombrío. Al pasar un peaje nada más comenzar la subida, es ahí donde la carretera ha estado 45 días bloqueada, sin dejar pasar a casi nadie. Mágicamente, un día antes de pasar nosotros han quitado las piedras, los montones de tierra y la gente se ha dispersado. Traíamos coca para negociar, así que la regalaremos a otra persona después de llegar a la cumbre. Quedan restos de tierra, de cristales y de piedras. La verdad es que hemos sido muy afortunados, parece que tenemos vía expedita hasta la cumbre.

Hay mucha gente a los dos lados de la carretera y les hace gracia vernos, todos saludan muy amablemente, nos animan y reconforta. Para ser la vía para ir a la capital, el firme es un desastre. Muchos trozos de tierra y piedras. Para nosotros nos viene mal, sobre todo cuando se empina, porque las ruedas agarran peor. Cuando llegamos al alto, paramos a tomar un poco de aire, ponernos crema, ya que el sol pega fuerte ya a esas horas y seguimos camino. La etapa va a ser rompe piernas mirando siempre hacia arriba. Creo que es de los mejores paisajes que hemos vivido en el continente. Montañas abruptas con vegetación, en algunos momentos hay zonas de cultivo cocalero con una inclinación que lucha contra la gravedad. Pequeños rectángulos sin árboles entre el bosque, cerca alguna casa, qué no sabemos como hay gente que vive por ahí ni cómo llega.

Nuestra cabeza no sabe donde mirar, hacia el río al fondo del valle o hacia las montañas. Vamos pasando pequeños pueblos de casas de color ladrillo, que desafían el abismo y con coches destartalados llenos de polvo. Se van alternando trozos de tierra con asfalto que llegan como bálsamo. A los 20km hacemos la primera parada para descansar un poco, llevamos un tercio de etapa y tomamos un refresco de coka quina, la versión boliviana de la coca cola. Con algo de azúcar en el cuerpo reiniciamos la etapa. Mis piernas no tiran mucho y pedaleo de corazón y algo de cabeza. Desde ahí tenemos algo de bajada y pasamos nuestro primer túnel, estaba en lo cierto y eso nos quitará mucho desnivel de la etapa. Por supuesto los túneles no tienen luz, tienen goteras y a tramos son de tierra. Lo bueno es que son cortos y como no hay mucho tráfico pasamos tranquilos.

La carretera serpentea por el valle y de vez en cuando entra hacia la montaña lomeando hasta otro afluente que baja. En esas entradas casi siempre hay un pueblo que está más protegido por el paisaje. Hay muchas cascadas y arroyos que vierten a los caminos con lo que a ratos toca pedalear por el barro. No queremos imaginar esta ruta en época de lluvias. Se nota que hay menos bloqueos, vemos más trufis (monovolúmenes toyota que sirven de taxi) que en el resto del viaje junto. Vamos pasando pueblitos hasta que después de la segunda subida del día a más de 1000msnm paramos en una caseta que vende refrescos. Un señor baja de una casa que hay en frente, construida en la pared, cruza la carretera y le compramos otra coka quina. Charlamos con él, vive de vender coca, pero con los bloqueos ha estado complicado.

Nos quedan 20km que se me hacen eternos, mi cuerpo está como con gripe y empujo con todo. Quedan dos subidas y por suerte un túnel de casi 1km que ayuda a quitar desnivel. Después del túnel casi todo es asfalto y rodamos más cómodos. El sol a esta altura y latitud golpea fuerte, nos echamos por tercera vez crema y nos cubrimos la cabeza con un pañuelo. Estamos deseando llegar a lo más alto del día, hay ganas de terminar. Las vistas cada vez son más espectaculares, no hay que olvidar que desde el final de etapa comienza el puerto de 75km que sube a La Paz, una pared que pasa de los 1000msnm a los 4600msnm. En el alto vemos un pueblo donde dormiremos dos noches, Coroico, está a 1700msnm, tres mil más debajo de donde pasaremos en cinco días y parece super alto.

Cuando llegamos a Santa Bárbara, la etapa se ha terminado, justo ahí cumplimos los 16.000km de rumbos olvidados, nunca hubiéramos imaginado ser capaces de lograrlo y quizá pongamos la guinda superando la cumbre que nos lleve a La Paz. Ahí hay un alojamiento que tiene una habitación muy sencilla, una cama y poco más, el baño está fuera y la ducha es fría. En mi estado, es lo que menos apetece, pero el otro hotel vale cuatro veces más y con eso nos vale. Comemos un poco, me ducho y me tiro en la cama a ver si remonto algo, estoy molido. Otro de esos días del viaje en el que lo más normal habría sido quedarse en la cama. El resto de la tarde limpiamos de nuevo las bicis, hacemos tarea, nos cocinamos y tratamos de descansar. La etapa del día siguiente es corta, pero con otro subidón hasta Coroico.  

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