Saltar al contenido

ETAPA 220 SAN BORJA-QUIQUIBEY

86KM 995+

Leo y Javi quieren asegurarse llegar a Trinidad, así que quedan a las 3:00 de la madrugada con Alejandro, un conductor local. Los problemas de gasolina y sobre todo con el paso del Mamoré hacen que no quieran jugársela, en un día tienen un vuelo que tomar. Entre preparativos, nervios y los perros ladrando, la verdad es que dormimos más bien poco. A las 2:30 suena su despertador, salimos a despedirlos, Julio el voluntario de la congregación sale a abrir los candados. En cuanto están montados y aseguramos que ya tienen transporte, regresamos a la cama para ver si podemos dormir aunque sea tres horas más. Sheila está con antibiótico y buen dolor de garganta. Mal duerme lo que queda porque no para de toser. Lo cierto es que ha dormido mal desde que llegó a San Borja. A las 6:30 suena el despertador, retomamos nuestros rumbos, toca el último bloque, el más duro quizá de todo el viaje. 370km con 12.000+ en ocho etapas. Lo peor es que viene  un frente de lluvias. El final de Sudamérica va a ser épico, veremos si somos capaces de conseguirlo.

Desayunamos un poco, menos de lo habitual. Cuando hacemos parón de varios días, sigues comiendo al mismo ritmo o incluso más, porque puede que haya personas que te inviten a comer como han hecho los menesianos o Skandar, con lo que nos hemos llenado casi todos los días, pero sin hacer deporte. Con dos huevos cocidos y un plátano subimos a las bici. Julio sale a despedirnos, graba nuestra salida y a las 8:15 ya estamos dando pedales nueve días después. El camino para salir a la carretera está llenod e charcos y eso que ayer la lluvia dio tregua. Antes de salir a la carretera hay una hilera de motos de cientos de metros. La resignación de esta gente es admirable, yo creo que hace mucho que habría salido con un tanque a derribar los bloqueos.

El día sale medio soleado, el comienzo es llano hasta Yucumo. Nos quedan 48km de pastos, cenagales, casas de madera, vacas y horizontes planos. Todas las oportunidades de ver animales exóticos del continente se acaban hoy, a partir de Yucumo comenzamos a subir hacia La Paz y por allí arriba como mucho veremos llamas, pero nada de yacarés, serpientes, tarántulas, perezosos o bufeos. Las piernas están descansadas de varios días de parón y rodamos ligeros. Pero Shei está en su segundo día de antibiótico y no va muy fina, a parte de que sigue medio ronca. En la Embocada hay un centro sanitario donde quieren alojar a tuberculosos para tratamientos de meses, pero les faltan camas. Nos han propuesto comprarlas y creo que lo haremos. Pero es domingo y hoy no hay nadie para enseñárnoslo, así que seguimos camino. Como la etapa es dura en la segunda parte, decidimos hacer hasta Yucumo del tirón. En menos de tres horas llegamos a un pueblo donde la carretera se desvía hacia Rurrenabaque, parte alta del departamento en el río Beni, de los más grandes de Bolivia. Inicialmente la idea era ir hasta allí, pero los planes se han modificado muchas veces y nos quedamos con las ganas, debe de ser muy bonito.

Paramos a comer un poco de fruta, tomar un café y un jugo de piña hervida. Descansamos un poco y el día soleado se queda al final del pueblo. Nos adentramos en un paisaje de valles y montañas selváticas. Verde, nublado. La carretera tan buena que hemos tenido desde Santa Cruz da paso a una llena de agujeros, parches de arena y sin arcén. Parece mentira que sea la que une con la capital del país. Comenzamos subiendo y con una cola de coches esperando para echar gasolina. Probablemente será una de las imágenes del viaje. La gente nos mira con envidia.

Desde ese punto comienza una subida de unos 18km con 700+, no es muy duro, pero hace mucho que no hacemos desnivel. Pronto Shei nota su estado de salud y que las piernas no van finas. Por si fuera poco a los 5km comienza un diluvio que nos empapa de arriba abajo. No hace mucho frío y permite rodar mojados, pero no sabemos como vamos a secar esa ropa como siga lloviendo así. Pedaleamos bajo la cortina y algunos camiones que pasan nos saludan y animan. “qué locos estos romanos”. A falta de 7km para la cima, Shei necesita una parada y hay una especie de tejadillo de chapa con una piedra para sentarse. Nos guarecemos, comemos un poco y descansamos las piernas. Llega una pareja mayor en moto mojada y se mete con nosotros, pero a los minutos salen y dicen que casi seguro que ya no llueva. Así que nos animamos a afrontar lo que queda de puerto. El descanso se nota y con algún descansillo que otro llegamos hasta casi los 1.000msnm, desde Monteagudo que no estábamos a esa altitud. Gran parte de la subida tiene trozos de tierra, de piedra y es lo que nos queda en etapas venideras. Es una carretera llena de curvas, que ascienden entre la selva y el paisaje a uno de los lados da al valle, al fondo se ve la llanura desde la que venimos y parece el mar de lo plana que es. Está ya tan lejos que veo hasta las olas. Se parecía tanto que he tenido que mirar el mapa para confirmarlo. De vez en cuando llega un olor fortísimo de los cerdos en descomposición que hay por la subida. Los buitres comen hasta que llegamos y salen todos volando quejándose.

Por fin llegamos al final de la subida, sólo queda una bajada de 5km y un falso llano hasta Charal. Hace sol y la ropa se medio seca bajando, así que al día siguiente no saldremos muy fríos. En la llanura vamos paralelos al río Quiquibey, que era el lugar elegido inicialmente para dormir, pero con el mal tiempo que hace, mejor dormir a cubierto. Charal es pequeño y la escuela está dentro. Nos dicen que vayamos a Quiquibey que la escuela está en la carretera, sólo a 4km más. Estamos muy cansados y ya son las 16:00, pero hacemos el esfuerzo. Antes de ir a la escuela comemos en el único sitio que parece que dan comidas, “ahisito está”, pero casi un kilómetro extra. Queda un poco de costilla guisada con arroz y sopa, perfecto para recuperar la etapa. Preguntamos a unos chicos y buscan a un profe para que nos abra una clase de la escuela. Tiene un tejado para la pista de futbito, un escenario y las clases están bastante abandonadas. Unas alumnas nos barren una y nos metemos dentro. No hay ducha, así que no aseamos con una bayeta mojada, montamos a tienda de campaña y nos quedamos el resto de la tarde dentro a refugio de los mosquitos. Estamos super agotados, las piernas congestionadas y doloridas y eso que tampoco ha sido una super etapa. Quizá nuestro cuerpo nos pide vacaciones.

Hacemos la tarea, cenamos una ensalada y nos vamos a dormir que toca madrugar que las clases ya están en marcha a las 8:00  

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial