64KM 700+
El cansancio y el frío son un buen remedio para contrarrestar una cama estrecha, nos despertamos casi tal cual nos metemos a la cama y la verdad es que descansamos bien, pero a la bruja del oeste no se lo vamos a decir. Aunque le avisamos el día anterior que saldríamos pronto, nos ha cerrado dentro del hotel con candado, por suerte encontramos en el recinto otra puerta que podemos abrir y salimos a la calle a 8:30, nos hemos despertado pronto, pero como no pudimos acabar la tarea el día anterior, la hemos hecho al levantarnos.
Vamos al puesto donde hablamos el día anterior, ahí está Tatiana, una chica de 26 años muy amable. Ya no tiene huevos ni empanadas, así que me acerco a una tienda a comprar media docena para que ella nos los haga. Le pedimos dos cafés y en un momento hace cuatro tortillas, que son masas de harina aplastadas. Además nos regala pan y al final no quiere cobrarnos, le damos el dinero de todos modos y nos hacemos una foto con ella para guardar ese buen recuerdo. Mientras desayunamos le preguntamos si conoce a la dueña del sitio donde hemos dormido. “Esa mujer cae muy mal en el pueblo, es muy miserable”. Qué rabia no tener esa información antes, pero cuando llegas cansado y con frío, lo que menos quieres es dar vueltas por el pueblo para negociar un precio.
Hace frío, pero lo bueno es que el días está despejado y el sol calienta y nos permite quitarnos el jersey. Aun y todo vamos con chaleco y manguitos. La etapa es corta y tiene algo de desnivel. Comenzamos subiendo 9km, no mucho, pero lo justo para entrar en calor y sudar la camiseta entera. Hace sol, pero el viento es frío y cuando bajas te encoje el cuerpo. El paisaje ha cambiado radicalmente a lo vivido hace unos días. Montañas por todo, plagadas de vegetación. Hay quebradas, afluentes, arroyos que cruzamos de vez en cuando y todos están secos, sólo se ve el fondo del río embarrado. No sabemos si es lo habitual en Bolivia en esta época o que hay sequía.
La carretera es buena, buen arcén y buen día, poco tráfico y pedaleamos tranquilos disfrutando del paisaje y de las subidas que nos plantea la jornada. A mitad de etapa paramos a la sombra de un árbol que tiene dos piedras para sentarse, comemos algo de fruta y en ese momento aparece Alexis, un chico en bici de carretera que compite en ciclismo. Cuando le decimos que somos de Navarra, conoce hasta a Eusebio, el director del Movistar. Ni yo, que veo mucho ciclismo y que vivo en Europa, no me conozco los nombres de los directores de los equipos de ciclismo y este chico de Bolivia sabe eso. El sueña con poder ir a Europa y poder correr para un equipo de allí. Le deseamos suerte para la siguiente carrera y le damos el contacto de Instagram. El va hacia Boyuibe y nosotros hacia su pueblo. Nos quedan varias subidas, pero no es gran cosa.
Son las 12:30 y sólo quedan 25km, la verdad que etapas de esta distancia se agradecen, porque sales tarde y aun y todo acabas pronto. Vamos tomando contacto con las subidas y no paramos de verbalizar lo que nos espera la última semana, no solo de desniveles, también de clima.
Hacemos dos subidas de unos 3km y la segunda termina justo en Camiri en una rotonda con un monumento a la minería. Una calle empedrada donde queremos primero comer y después un lugar para dormir. Paramos en un sitio donde dan comida y conforme se acerca Sheila, el dueño le dice a una trabajadora a ellos cóbrales 45, más del doble de lo que vale un plato. La chica nos dice el precio y ante nuestra sorpresa y decirle que un menú vale 20, ella se acerca y nos dice, más seguido hay varios negocios, no coman en este. Hasta a ella le ha parecido feo y nos despide con educación y cara de disculpa. Un poco más allí, un señor nos ofrece por 20 un gran plato de sopa con carne y fideos y arroz con cerdo. Todo está buenísimo y charlamos un buen rato con él de la situación del país. Nos indica un lugar para dormir cerca de la estación e autobuses y hacemos los últimos kilómetros por la calle empedrada hasta la otra punta de la ciudad. Tiene hasta universidad. Cerca de la terminal hay de nuevo varios negocios de comida y algunos alojamientos. Encontramos uno que son habitaciones con baño compartido, sencillo por 6€, suficiente para una noche de paso. Dejamos todo y nos vamos a tomar un café y comprar algo para la cena. La chica donde compramos la verdura es super amable, nos deja la compra casi regalada y encima nos da un aguacate que está maduro para vender y una sonrisa enorme. Por supuesto, la realidad de Bolivia es la de personas como Tatiana, Alexis o esta chica y eso es lo que nos llevamos.
Regresamos a la pensión, duchazo y a trabajar, pero de nuevo nos quedamos dormidos. Nuestro cuerpo está pidiendo un poco de descanso y en dos días le daremos una parada de diez días, pero necesitamos dos días más de esfuerzo.