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ETAPA 205 LA PATRIA-FRONTERA BOLIVIA

122KM 330+

Regresamos a nuestro campamentos escolares. Más vale que dormimos en la tienda de campaña, porque la cantidad de mosquitos que se escuchan donde el techo del aula es enorme. Una especie de vibración aguda de cientos de ellos. Durante toda la tarde en la casa de al lado alguien ha estado con el altavoz a todo volumen, por suerte para las 21:00 de la noche lo apagó y pudimos descansar. Después de un día intenso para conseguir llegar en transportes, estamos muy cansados, mucho estrés acumulado en este día desde hace tiempo, ya que nuestros planes están basados en poder llegar a La Patria con vehículo, aunque en realidad, si no lo conseguimos, en Bolivia tendemos la posibilidad de que nos vengan a buscar o pedir a alguien que nos acerque, así que no hay problema.

Salimos al patio a las 6:30, Juan Manuel nos pidió estar fuera del aula a esa hora porque lo alumnos comienzan a llegar. Y efectivamente van llegando algunos pocos, incluso dos profesores ya están esperando, sentados con su mate. Nuestro universo matero se ceñía a Argentina y desde Chile, Urugay, Brasil y Paraguay no hemos parado de ver a gente con el termo de agua y chupando de la bombilla (especie de pajita metálica por donde sorben el mate). Siendo exactos, el mate es el recipiente, lo que infusionan es la hierba mate.

Es de noche y aún no podemos salir con la bici para que nos vean. Nos acercamos a una gasolinera para tomar un café, comprar algo de pan y algo para ponerle dentro, lo único que hay en esa tiendecita son latas de paté. Tomamos el café viendo las noticias y el mundo sigue revuelto. Amanece rápido y salimos a las 7:20 en busca de la frontera. Se nos ha hecho algo tarde para lo larga que es la etapa. Hoy nos esperan grandes rectas, desnivel picando ligeramente hacia arriba y calor. Nos marcamos andar hasta las 10:00 para sentir que avanzamos mucho. Es curioso, pero en Paraguay sólo haremos cinco etapas y tres pasan de los cien y una es la más larga del viaje. No hay ni una población decente hasta la frontera, que no es población, son tiendecitas donde vive la gente. Lo que si hay de camino son grandes haciendas de terratenientes. Como hemos visto tantas películas, entiendo que moviéndose tanta droga en este país, alguna de esas haciendas serán de narcos, de alguna manera tendrán que justificar tanto dinero negro. No me extrañaría que los argentinos del día anterior fueran blanqueadores de dinero a base de montar negocios agropecuarios ficticios. Demasiada imaginación y en dos segundos he destapado toda una red de macro granjas falsas manejadas por argentinos judíos para blanquear el dinero de la droga paraguaya.

Hace buena temperatura, casi estamos solos y rodamos felices hacia el último país de Sudamérica. Los comienzos de etapa siempre son favorables, vas fresco y sientes que la será fácil. Antes de las 10:00 llevamos 53km y nos paramos en un apeadero de camiones porque no hemos visto ni una esplanada o lugar en condiciones para refugiarnos y comer algo tranquilos. A pleno sol paramos y nos sentamos en la carretera a la sombra de las bicis. Comemos unos bollos con dulce de leche, café soluble frío y nos sabe buenísimo. Cada vez hay más tráfico, no mucho, pero ya no hay minuto en el que no pase alguno, casi todo son camiones y la mayoría cisternas de combustible. Me da que hay problemas de abastecimiento en Bolivia, porque no es normal que más de la mitad de los camiones sean cisternas.

Después del desayuno iniciamos la marcha hasta la frontera, nos quedan 60km, pero hoy justo le ha bajado la regla a Shei y los primeros días suelen ser duros, para colmo es etapa larga y con calor. Hasta el momento llevamos una recta de 23km y otra de 35km, con lo que se hace muy monótono. A ambos lados de la carretera hay una franja de hierba, una valla y de ahí vegetación arbustiva que se pierde en el horizonte. Hay una especie de árboles que son como si hubieran puesto un tope arriba y abajo del tronco y la madera hubiera crecido a lo ancho. Son como árboles gorditos. Parecen más de África, tengo que documentarme a ver que especie son. El viento ha cambiado y ahora sopla en contra y conforme pasa la mañana va aumentando. Hoy tocará trabajo mental para Shei, ya que no está a tope, paramos a los 78km para que tome un paracetamol del dolor de riñones que tiene. Justo en ese sitio la hacienda se llama Oronoz.

Nos quedan 37km hasta la frontera, el viento está más peleón, hace más calor y cada vez hay más camiones. Pero no nos quejamos, respetan y saludan. Los kilómetros pasan lentos y toca motivar a Shei para que el día no se haga muy largo. La realidad es que vamos bien y llegamos a la frontera a las 14:00 de la tarde. Todos los trámites se hacen en un edificio en Bolivia, pasamos por un tejado metálico y un cartel descolorido de Bienvenido a Bolivia, debajo y antes hay varios cambistas, me quedo con el último, o algo falla en mi aplicación o el cambio es favorable, pero nos da 100 bolivianos más de lo que tenía marcado. Sellamos salida y entrada, en ambas taquillas son muy amables. De nuevo es una hora menos, así que oscurece más pronto. Aprovechamos el wifi para mirar mensajes ya que no hay cobertura. Tocará ir sin conexión hasta Villa Montes. No tenemos pueblo hasta Ibibobo que está a 60km y las piernas no están para eso. Preguntamos al militar y nos dice que durmamos en la frontera, pero fuera de la valla. Tengo marcado un puesto militar a 6km, pero él dice que no me dejarán.

Vamos a las tiendecitas que hay antes de salir de la frontera y una de las chicas nos avisa para sellar antes el pasaporte, ya lo hemos hecho, pero su gesto nos gusta y comemos pollo con arroz en su puesto. Por 5€ los dos. Con el estómago lleno, algo de descanso y su propuesta de ir al cuartel militar, nos animamos a seguir 6km. Son más de las 15:00 en el nuevo horario. Ahora vamos frescos, pero esperamos que no tengamos que seguir mucho más. El paisaje ha cambiado. La zona de hierba a los dos lados de la carretera ha desaparecido, ahora una maleza arbustiva llega casi hasta el arcén y parece un pasillo infinito. Una gran recta que llega hasta Ibibobó. Pronto llegamos al cuartel y el jefe no pone pegas, hay una casa en construcción vacía y nos refugiamos ahí. Es perfecto, corre algo el viento y estamos apartados y seguros.

Nos aseamos con un trapo mojado en agua, tomamos un café frío con alfajor y pasamos la tarde tranquilos sentados en nuestras sillas de camping. Vemos atardecer y nos metemos a la cama en nuestro país 31 de rumbos olvidados: Bolivia. 

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