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ETAPA 203 HORQUETA-CONCEPCIÓN

44KM 115+

Ha sido buena noche, estamos en un hotel, que también alquila habitaciones por horas. Lo gracioso es que hay usuarios que se han quejado, que no en realidad es motel y que hay gente que viene a lo que viene. Como si una pareja casada tuviera más derecho a usar esa habitación que alguien poniendo los cuernos. Allá cada uno con su vida. La cuestión es que descansamos bien y nos levantamos con la calma, pero pensando si daremos solución a la parrilla. Comemos algo de pan que tenemos desde hace tres días con dulce de leche y un café frío. Todo nos sabe bien. Montamos las bicis y le mando mensaje a Adolfo de que vamos a su casa. Su último mensaje antes de dormir era que fuéramos que arreglaríamos. Al llegar a su casa no está. Nos atiende su madre y dice que está por ahí, que ayer se le hizo tarde. Antes de perder mucho tiempo, Horqueta es muy grande y hay bastantes talleres, nos despedimos de la madre y nos marchamos. En frente hay uno con acetileno, pero no sueldan acero, nos mandan a otro, pero tampoco suelda acero, a ver si en Camerún que sólo preguntamos a un chico de la calle, tuvimos mucha suerte. A la tercera va la vencida. Donde Sito, un hombre que arregla chapa de vehículos, tiene de todo. Mira la parrilla y me la suelda y le pone un punto de refuerzo, hasta le da algo de color. Reforzamos la de Sheila de paso para anticipar roturas. Sito nos regala la soldadura y nos desea buen viaje.

Escribimos a la marca, porque no es normal que se haya roto otra vez, el diseño es penoso, es una mejora que hicieron en los últimos modelos para meter el cable para la luz, pero han quitado estructura en el peor sitio. Les consta, pero no lo cambian. A ver que responden. Salimos a una etapa corta hasta Concepción. Hoy el cielo esta nublado, el pronóstico de nuevo acierta y la cuestión es que dan mucha lluvia para la tarde, tampoco hay que dormirse. Son las 9:30, buena hora para estar desayunados y haber arreglado dos parrillas. Hoy la etapa es la más llana que tendremos hasta final de Sudamérica y la más corta, lo que se viene encima es exigente, pero preferimos darnos la paliza y poder disfrutar más tiempo en los proyectos.

Hoy hay más árboles y se agradece que no sean bosques de pinos para madera. Los pueblos están a los dos lados de la carretera a la sombra de los árboles. Es pronto y festivo, vemos menos gente que el día anterior. Pasamos varios controles policiales, hay muchos y siempre nos saludan con mucha educación. Con toda la droga que pasa por este corredor, me gustaría saber exactamente que trabajo hacen y cuantos de ellos estarán sobornados, si no todos. Justo a mitad de etapa paramos a tomar un café y la fruta que llevamos. Ya tenemos hambre a las 10:40. Por poco más de un euro dos cafés. Comparado con Chile que llegaban a cobrar cuatro por uno, es muy barato y encima es más rico, porque es de verdad, no soluble. Es un comedor donde dan menús, sencillo, mesas y sillas de plástico, paredes mal pintadas y cocina sencilla, eso sí, el altavoz enorme y la música reguetón a tope. En mi caso no termino de acostumbrarme ni al tipo de música ni al volumen. Si vas por una calle comercial ya es un infierno para oídos y cabeza.

Arrancamos a Concepción, quedan 21km que los hacemos rápido, la etapa es muy suave y al acercarte a la ciudad hay más estímulos que te ponen la mente en otra cosa y no en los kilómetros. La cantidad de motos con tres y cuatro personas es brutal, juego a ver si soy capaz de hacer una foto cuando pasan, pero no consigo pillar ni una dentro del encuadre y enfocada. Tengo que conseguir una foto decente de una familia de cuatro antes de salir del país. Al llegar a Concepción la idea es ir por una paralela que llega casi al hotel, pero excepto la principal, todas son de tierra. Continuamos por la grande y me paro a ver unos niños jugando a fútbol y hacerles una foto, rápidamente viene un chico en moto para ver si puede hacerse una foto con nosotros, nos la hacemos encantados y se la mando por whatsapp. Diez calles más allá llegamos al hostel donde dormiremos. El dueño ha ido siguiendo nuestro viaje y está contento de ayudarnos dejándonos buen precio. La habitación está muy bien, dejamos todo y sin cambiarnos nos vamos a comer una calle más abajo. Un sitio muy sencillo, una bajera pintada, un muro y una cocina separada por una cortina. La comida, canelones y carne con arroz está riquísima, más zumo de naranja natural y flan, todo por 7€. Comentamos que echaremos de menos estas cosas en Europa, ir a un local de la calle, comer rico y barato, la humildad, la sencillez de la comida y ese encanto. En Europa para entrar a comer a un sitio tiene que entrarte por los ojos, los precios son una locura para un plato de comida y no tiene ni la mitad de ambiente. Aquí dejas de lado toda preocupación por la decoración o el lugar, en África ya es otra dimensión.

Comemos a gusto y la tarde nos relajamos, que viene bien, al poco de meternos en el cuarto llegan las lluvias prometidas, tantas que entran por la ventana en el cuarto. Sólo pensar en estar sobre la bici, asusta y ya en la tienda de campaña, aterra. Vaya librada. Mañana dan lluvias de nuevo y parece que dará tregua para ir hacia el oeste de Paraguay, hacia el Chaco, donde hay mucho más calor, menos árboles y más animales peligrosos. Cuando la lluvia descansa, salimos de noche a comprar la cena. Todas las calles están encharcadas, con barro y por suerte hemos salido con chancletas. Compramos algo de cena y algunas provisiones, aunque tenemos que hacer bien la lista porque vienen días largos y con poco abastecimiento. Al regresar Shei se resbala con el barro y no se cae al suelo de milagro, un poco de matrix y una mano que le lanzo, pero el tirón se lo lleva. En el hotel hacemos cena, nos vemos una peli y a la cama sin despertador, primera vez en mucho tiempo. 

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