Saltar al contenido

ETAPA 202 IBY YAÚ-HORQUETA

69KM 620+

No sabremos como habríamos dormido en la estación, los “y si” pueden ser infinitos y no tiene sentido contemplarlos. No sabremos si el cura resentido habría mandado a alguien, si no habríamos pegado ojo pensándolo, si al estar en plena calle, debido al ruido no habríamos dormido. Nada de eso lo sabremos, lo que sí sabemos es que hemos descansado bien, la cama era cómoda, buena temperatura y protegidos.

Desayunamos en el cuarto de la habitación el bocadillo que nos sobra del día anterior, un poco de pan con mermelada y un café, suficiente para empezar el día. Salimos a la calle, montamos las bicis y dejamos Iby Yaú atrás, con un ojo mirando para atrás de vez en cuando. Quizá demasiada paranoia, pero quien sabe. La etapa está en la media y en cuanto a desnivel también. Otra etapa con toboganes. Los mogotes en el paisaje han desaparecido y aparecen los pastos y sobre todo mucho árbol nativo. De vez en cuando hay pueblos que toda la carretera es un túnel de árboles y se agradece la sombra. Hoy desde el comienzo de la mañana el sol ha marcado territorio.

Hay mucho ganado, las vacas que había en Brasil y las de este país son de origen cebú, de la India. Son de estas que tiene joroba y una piel muy fina que parece que les cuelga. En Paraguay predomina la raza Brahman. Aguantan bien el clima caluroso, tropical y los malos pastos. Hace mucho tiempo estuve en la India y a ratos, desde que entramos en Brasil, sentía al verlas que pedaleaba por allí. Algunos paisajes y ver las vacas pastando, excepto cuando levantan las cabezas para mirarnos. Tenía mis dudas de porque se parecían tanto a las vacas que vi entonces y resulta que a finales del siglo XIX, Brasil importó 2.000 cabezas de cebús para mejorar la especie nativa y fue todo un éxito. A lo largo del viaje hemos visto mucho tipo de vacas, pero como el tamaño de las europeas, no.

Vamos pasando colonias con sus despensas, casitas de una planta con colores intensos, sus jardincitos, la verdad que en esta zona es muy tranquilo. Es 1 de mayo y es festivo. En casi todas las casas hay música, barbacoas humeando y familias sentadas en círculo bebiendo. Todos levantan los brazos para saludar a nuestro paso. No vamos a mal ritmo, pero en comparación con la etapa anterior, parece que vamos lentos y el calor ayuda a tener esa sensación de cansancio. Nos marcamos parar casi a los 40km y cuando llevamos 32, hay una despensa, “La estrellita” y el cuerpo me pide pararme ahí. Dejamos las bicis y compramos un zumo fresco y lo completamos con plátanos y cacahuetes. Conversamos con la cajera y le contamos el proyecto. Mientras comemos fuera a la sombra, escuchamos alguno de nuestros vídeos de fondo. De repente salen y nos traen una Chipa Guazú, una especie de pastel salado de maíz al que le pueden añadir quesos, cebolla… Le gusta lo que estamos haciendo y nos explica el pastel. Está caliente y muy rico.

Desde ahí nos quedan otros 38km para terminar la etapa que transcurren parecidos, quizá más pueblos con árboles. Las subidas no son muy duras y acabaremos al etapa pronto. Echo de menos hacer un puerto de montaña, la sensación de luchar durante horas contra una subida. Me da que hasta que lleguemos a los últimos días camino de La Paz no tendremos, eso sí, ahí nos hartaremos. Hay mucha gente moviéndose en moto, muchos niños menores de catorce manejando muy rápido. Creo que una de las cosas que marca el desarrollo de un país son estas cosas. Que una familia de cuatro personas, con niños menores de cinco años, pasen sin casco en un control policial y no llame la atención.

Llegamos cerca de las 14:00 a Horqueta, hace mucho calor y no queremos perder mucho tiempo para encontrar un sitio para dormir como el día anterior. Preguntamos en un hospedaje y nos hace el mismo precio. Por 10€ no voy a andar dando vueltas, así que dejamos las bicis en la habitación y nos vamos en busca de un sitio para comer. De momento está el de la gasolinera, vende a kilo: 11€, pero no queremos empapuzarnos otra vez. Así que caminamos a ver si vemos un plato más sencillo por el pueblo. Todo está cerrado, hay mucha ferretería, farmacia, tiendecita. Hay más negocios que personas. Nos indican que uno puede estar bien, pero cuando llegamos está cerrado hace tiempo. Les preguntamos si saben de otro sitio para comer algo y hay una chica joven, uno de unos 30 y otro de 50. Están tomando cervezas después de haber comido en familia. Sin dudarlo nos dicen que nos sentemos, que hoy han hecho asado y les ha sobrado. Así que nos sentamos en uno de los bancos y Adolfo ha estado viviendo en Lérida, Roberto ama España y está algo intenso por el alcohol, está gracioso. Verania, la chica cuida a los padres de Adolfo, que salen y junto al otro hermano, nos quedamos charlando un par de horas. Nos sacan otra chipa guazú y cordero asado. Está todo buenísimo. Hablamos de España, de otros hermanos que están en Bilbao y con los que hablamos y de nuestro viaje. Pasamos un rato maravilloso con esta familia y parece que los volveremos a ver en España en 2027 que irán a ver a los hermanos.

Regresamos caminando al hotel, todo está tranquilo y la tarde la aprovechamos para limpiar las bicis y descubrir que mi parrilla está rota por el mismo sitio que se le rompió a Shei en Camerún. Toca soldarla cuanto antes. Hacemos tarea, comemos y nos vamos a dormir. 

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial