72KM 1190+
ETAPA 192, 17 ABRIL, ALCAZAR-DELICIAS, 72KM 1190+
A pesar del congelador metiendo ruido en la cabeza y las luces del patio encendidas, hemos dormido bien, el cansancio de la etapa del día anterior es un buen somnífero. La pega que tenemos que levantarnos pronto, a las 6:30 ya que los alumnos comienzan a las 6:50. Mientras recogemos todo ya escuchamos a varios alumnos llegar. Una de las profesoras cumple años y todos los alumnos le cantan el “que la cumplas feliz”. Luego uno de los alumnos trae una tarta y la guarda en el congelador.
A las 7:00 estamos listos y Juan quiere que contemos a sus alumnos nuestro proyecto. Salen todos y se sientan en una especie de gradas de hormigón que hay. Ponemos las bicis detrás nuestra y les contamos donde surge la ong y el viaje de Rumbos. Juan, el director está feliz de que sus alumnos escuchen una historia de vida, la realidad de otros lugares en boca de dos personas que la han vivido, los problemas del agua, la educación, la pobreza. Al terminar los chicos nos rodean, se hacen fotos y ha resultado una charla muy interesante. La pena que nos tenemos que ir porque la etapa es larga, pero si no, hubiéramos dado un taller de RCP.
Salimos de Alcazar hacia las 8:00, hace muy buen día y comenzamos bajando, pero sabemos que es un espejismo, la etapa tiene 1200+ y será un serrucho. La buena noticia es que toda la etapa tendremos arcén, a priori dejaremos los sustos con los camioneros. Tenemos Montecarlo a 20km y elegimos ese sitio para desayunar algo. En realidad llevamos tanto tiempo despiertos que ya tenemos hambre, pero hay que dar pedales y avanzar. La etapa es igual de sinuosa y con cuestas como los últimos días. Ya decían todos cuando les contábamos que íbamos a Iguazú, con la mano hacían un gesto de sube bajas. Sigue habiendo rectas, pero ves curvas enlazadas todo el rato. Subes una cuesta y cuando llegas al alto hay una “u” enorme. Por efecto óptico las subidas parecen mayores, pero tampoco son suaves.
Cuando llegamos a Montecarlo, las panaderías están en el pueblo y hay que meterse para dentro, con lo que decidimos hacernos nuestro café frío en una parada de bus que hay en la carretera. En ella hay un chico colombiano mochilero y que hace autostop. Nos sentamos a comer algo y le damos un bocadillo. Charlamos sobre su viaje, que le ha movido, pero sobre todo sobre Colombia. Casualmente es del Quindío, lugar en el que hemos estado tres veces. Es un chico muy sensible, espiritual y sonríe todo el rato. No para ningún coche, lleva cuatro horas. Le compro una pulsera y con eso le da para seguir hasta El Dorado.
Terminamos de desayunar y seguimos camino. A 25km tenemos El Dorado. El cielo se despeja y el sol que ha estado oculto y la humedad de la zona hace que sudemos sin parar. Hacía mucho que no recordábamos esta sensación. La carretera por la tierra rojiza de los caminos está algo teñida. La vegetación y el tipo de itinerario nos recuerda a algunos lugares de África que hemos estado. Es raro cuando algo te evoca tan intensamente otro lugar y de repente te transportas a ese sitio.
Aunque vamos por el arcén de nuevo un camión nos pita y se nos echa encima, está claro que algunos odian a los ciclistas. Le hacemos un fuck you por el retrovisor y gira bruscamente hacia el arcén y nos hace ver que si quiere nos atropella. Ganas de que un control policial le vea y lo pare. Seguimos con nuestra montaña rusa y subiendo y bajando sin parar, hacia las 13:00 llegamos a El Dorado, queremos comer un poco y seguir, hay un restaurante destartalado en venta, pero pone empanadas y le preguntamos. Está abierto, no hay nadie, pero el precio es razonable. Le pedimos de paso una milanesa para salir ya comidos y no esperar como el día anterior. Las sillas están medio rotas, los vasos super sucios y terminamos bebiendo del nuestro de camping, la comida está decente y el baño mejor ni describirlo. No entiendo en qué momento uno traspasa la línea de la dejadez con un negocio de atención al público.
Cuando salimos de la ciudad, los dos chicos que vimos en la estación de Capioví están sentados haciendo autotop, nos saludamos y nos deseamos buen viaje. Nos quedan 27km para terminar. Las piernas de varios días de perfiles duros y de haber parado a descansar se han quedado en el antro, pero las necesitamos. Aunque piden socorro no las escuchamos. Cada vez las cuestas se hacen más largas y Shei ya va metiendo plato pequeño en algunas. El paisaje cada vez es más tropical y frondoso. Cuando llegas a los altos ves un horizonte verde sin ningún claro de árboles. De nuevo la etapa se nos ha ido de las manos y terminamos a las 16:00 en Delicias. Puerto Esperanza son 20km y no tenemos ganas. Compramos algo en un minimercado y al preguntar para dormir en sitio seguro nos hablan de un camping que está a 1km de donde venimos. Toca bajar de nuevo y sobre todo volver a subir esa cuesta mañana, queremos asegurarnos llamando por teléfono, pero sólo tenemos datos. Le pedimos al señor del supermercado si puede llamar y pone todo tipo de excusas para hacer una mísera llamada. Así que un chico que hay fuera, asegura que hay alguien, con lo que regresamos 1,5km y ahí hay una valla a un camping sencillo. Nos deja dormir por 3€ los dos. El sitio como es temporada baja está vacío, lleno de hojas, pero está bien. Nos instalamos bajo un techo por si llueve y el señor nos deja usar su ducha. Las paredes casi negras de la suciedad, mucho polvo acumulado y todo muy sucio. Usamos una silla para dejar la ropa ya que no tiene percheros. El agua está fría, pero tampoco mucho y la ducha es aceptable. Luego hacemos tarea, cenamos pronto y a las 21:00 ya tenemos ganas de dormir, pero la tarea nos alarga el día un buen rato más.