82KM 1430+
Al final nos metimos tarde y sólo dormimos seis horas, pero entre el cansancio y que en nuestro colchón dormimos como en casa, el descanso es efectivo. A las 5:45 viene Gloria con dos profesoras más y se les escucha en el aula de al lado. Nosotros nos quedamos hasta las 6:30 durmiendo, aún es de noche y no queremos salir sin luz en esta carretera sin arcén. Recogemos todo, ordenamos las mesas y nos tomamos un café con las profesoras, son todas chicas mientras llegan los alumnos. Gloria es una bellísima persona y está feliz de habernos ayudado. Cuando los niños forman para subir la bandera y cantar el himno, nos pide que de nuevo les demos unas palabras. La disciplina en estas escuelas rurales es casi militar, la profesora saluda y todos los niños a la vez responden y con mucho respeto. Nos despedimos de ellas y agradecidos de haberlas conocido.
Salimos a la carretera con una etapa de 80km y mucho desnivel por delante a base de toboganes. Hay tramos en las subidas donde pone tercera trocha, cuando hay dos carriles de subida tenemos arcén y vamos más tranquilos, pero cuando son sólo dos carriles, desaparece el arcén y los camiones pasan rozando. A los 5km cumplimos los 2.000km en Sudamérica, la llegada a Puerto Montt queda casi como un recuerdo borroso, lo rescatamos conversando sobre las experiencias vividas. Las relaciones humanas en Chile fueron muy buenas y se vuelve a repetir en Argentina.
Decidimos pedalear hasta Capioví para desayunar algo. El perfil de sierra que tienen estas etapas es duro. Lo preferimos mil veces a las etapas llanas, pero el desnivel positivo va subiendo poco a poco. Algo que va en nuestra contra es que el día anterior siempre preparamos la etapa para saber lo que nos espera. Antes de salir vemos que serán más de 1.300+ con lo que a base de cuestas cortas tenemos que llegar a esa cifra. Ya estamos cansados cuando llevamos 200 y no sabes de donde van a salir los 1100 que restan.
Hoy especialmente los camioneros están en modo psicópata, antes de la parada para desayunar algo dos nos vuelven a echar de la carretera. No hay arcén, es un escalón a una zona de tierra con piedras. De repente escuchas una bocina pitando a todo volumen y avisando “si no te apartas te atropello”, por las justas sales a esa tierra y ves pasar un camión a casi 100kmh desplazando mucho aire y sin remordimientos de lo que acaba de hacer. Algunos no avisan y pasan sus ruedas bien cerca. Uno no termina de acostumbrarse a eso y esa sensación de estar buscando zonas con arcenes y no disfrutar del paisaje es angustiosa.
Pasamos por Jardín América y comemos un plátano por engañar al estómago, pero seguimos sin parar. Ahí, la gente espera al bus sentada en el quitamiedos. Las caras son tristes, cansadas, pero conseguimos sacarles una sonrisa con el saludo. Al final llegamos a Capioví, en esa ciudad hay un salto de agua, pero yendo hacia Iguazú, nos reservamos, pero tiene una cosa peculiar, hay decenas de figuras enormes hechas a lo largo de la ciudad con materiales reciclados. Nosotros paramos en la terminal de buses con un conejo gigante sentado en uno de los bancos. Comemos algo y tomamos de nuestro café con agua caliente que nos da el de la tienda de la estación. Teníamos hambre y metemos tres bocadillos cada uno.
Nos quedan 46km de etapa, siguiente parada Garuhapé, ahí nos espera Flavio, el primo de Bernardo, nos invita a comer, pero quedan muchos kilómetros y cuestas para terminar y aceptamos un café. Mientras estamos de camino, en una de las cuestas antes de Puerto Rico, se para un todoterreno, es Manuel, el hermano de Bernardo que está en pre aviso. Nos ofrece llevarnos y comida, rechazamos la primera y aceptamos la segunda para que nos la de en casa de su primo. Así que nos citamos en 11km. Después de seis cuestas más llegamos a la casa de Flavio, es maestro de Taekwondo, y bombero voluntario. Mientras conversamos llega Manuel y charlamos los cuatro un rato. Nos quedaríamos felices, pero hay que avanzar. Dos casas a mitad de etapa que habrían sido un lujo.
Las nubes de la mañana dan paso a un cielo semi despejado y la siguiente remesa de cuestas las hacemos con algo de calor, tampoco mucho. Este tramo es el peor de los tres del día, otros dos camiones nos echan de la carretera, el último pitando desde lejos y rozándonos y haciendo gestos y gritando. Proyectaba ruedas pinchadas con los ojos, pero aún no he desarrollado ese poder. Sheila está que rabia, pero no podemos hacer nada. No nos entra en la cabeza que una persona sea capaz de asustar y infravalorar la vida humana de esa manera, estamos empezando a odiar a los camioneros. Luego nos dicen que muchos odian a los ciclistas.
Por fin llegamos al cruce que lleva a Alcazar, antes hay un pueblo y nos ahorramos 3km y más cuestas. Vamos hasta la escuela, pero los dos directores son bastante antipáticos y mienten para no ayudarnos. La bedel del colegio les insulta por lo bajo y nos confiesa que no son buenas personas, que si fuera por ella nos dejaba sin dudarlo y que el director nos ha mentido. No podemos hacer nada así que seguimos en busca y terminamos en la escuela 19 de Alcazar, de bachiller. Ahí Juan, el director no duda en dejarnos un lugar. Así que ya agotados, a las cinco de la tarde comemos algo y nos sentamos. Quedamos con Juan para la mañana siguiente y se queda el de mantenimiento para ayudarnos. Nos da la llave, nos enseña todo y se marchan dejándonos el colegio a nuestra disposición. Hacemos tareas, cenamos con mucha hambre y nos vamos a la cama que estamos fundidos.