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ETAPA 189 ITUZAINGO-POSADAS

85KM 280+

La cabaña está perfecta y tiene de todo, pero las ventanas no tienen cristales y los mosquitos del río Paraná nos sacan de nuestro sueño de vez en cuando merodeando nuestras cabezas. Por suerte se portan bien y no nos pican demasiado. A las 6:00 suena el despertador, la etapa es larga, pero sobre todo dan lluvias a partir de las 10:00 y queremos quitarnos los máximos kilómetros posibles y aprovechar la cabaña para hacernos el desayuno.

Recuperamos nuestros bocadillos de huevos revueltos con queso que habíamos dejado en Chile y cargamos las pilas con buen combustible. Al salir a la calle el día está despejado y soleado, mucho mejor que lo que daba el parte, pero entre una cosa y otra salimos casi a las 8:30, no sabemos en qué se nos ha ido el tiempo. El poco sol que ha hecho a la mañana ha secado algo el camino y no ocurre como el día anterior que en menos de 1km nos llenamos de barro. Por suerte la ropa del día anterior se ha secado y no salimos mojados. La etapa va a ser de nuevo plana hasta casi el final. A los 15km tenemos la esperanza de poder ver el río Paraná en su mayor anchura, pero es una zona de reforestación y todo el rato vemos árboles, sabiendo que a cientos de metros hay un río que parece un mar, ya que no se ve la otra orilla. Un trozo entre las zarzas vemos el reflejo del sol en el agua y se intuye algo, pero como en esta zona todo son parcelas privadas están valladas y no hay acceso al río. Poco a poco la carretera se aleja del río y nos quedamos con las ganas.

A los 30km paramos en el único negocio que tendremos en todo el día en la carretera para tomar un café, desde ahí hasta cerca de Posadas no habrá lugares donde pararse y descansar. En un comedor que está abriendo nos sacan dos cafés y paramos un poco para descansar del pedaleo constante que nos dan estas etapas absurdamente llanas. Desde corrientes llevamos 290km en la misma altitud. Desde ese comedor hay 400 metros hasta el río, pero es un camino de tierra y está lleno de barro. Nos apetece ver el río, pero tiene un alto precio de bici sucia y playeras mojadas, así que desistimos.

Salimos a la carretera y nos marcamos hacer otros 30km para descansar un poco y seguimos con los paisajes llanos, aunque esta zona hay muchos más bosques de repoblación de pinos para venta de madera y a ambos lados vamos por hileras de árboles perfectamente alineadas. Seguimos sin arcén, aquí le llaman banquina y por suerte no hay mucho tráfico, pero ya son cuatro días uno detrás de otro. Las piernas están agotadas de tanto pedalear a 18kmh y paramos para comer algo y soltar piernas. Justo a partir de ahí comienzan las cuestas y todo cambia, sentir el esfuerzo, relajarte en las bajadas hace que disfrutemos de los pocos kilómetros que tenemos hasta posadas. Entramos en la última provincia, Misiones y hay un cartel que nos llama la atención: “Las Islas Malvina, son argentinas”, más de cuarenta años ha pasado de aquello y hay señales con ese tipo de consignas.

Es casi la hora de comer y quedan 5km, pensamos que  quizá sea mejor ir ya comidos a el warmshowers que nos va a alojar. Hay un lugar donde hacen parrilla y nos acercamos a preguntar por los precios y en ese instante se acerca un señor mayor en bici, con ropa de ciclista, barba y melenas largas y blancas y me saluda y se presenta, “Soy Néstor”, no sé quien es y le saludo algo asombrado del ímpetu. “Tu debes ser Sheila”, le dice mirando y entonces me doy cuenta de que es la persona que nos va a alojar que ha salido a buscarnos. Así que nos despedimos del señor de la parrilla y nos vamos con Néstor hasta su casa. Un hombre de 70 años, entusiasta, con una lesión en el brazo izquierdo discapacitante, que no le limita nada. Charlamos hasta su casa, humilde al final de la calle 87 en Posadas. Es sencilla, con muchas cosas acumuladas por todo, olores intensos y desgastada, pero Rossy y Nestor son dos personas super amables, cariñosas. Nos esperan con la comida hecha. Comemos algo y Néstor es un conversador nato, un tema lleva al siguiente y a las 18:00 aún no nos hemos duchado ni pasado las cosas. Vamos a dormir en el cuarto del hijo que está descansando. El cuarto está viejo, colchones con los muelles al límite y con humedades, pero nos ofrecen lo que tienen y estamos muy agradecidos.

A la tarde al final no puedo hacer la tarea, Néstor ha invitado a sus amigos para que nos conozcan. Están en una asociación ciclista y vienen Gonzalo, Bernardo, Gisela, René y Alberto. Cenamos empanadas que hace Rosy y charlamos sin parar. Son personas super interesantes, uno ferretero que ayuda mucho a la comunidad, que acoge animales de la calle y que pronto se marchará con una autocaravana que se ha arreglado, otro que ha ganado el campeonato del mundo en su categoría de mtb, otro que es profesor de arte y un pintor reconocido, otro que en sus ratos libres hace magia como payamédico en el hospital. Se nos hace la una de la madrugada con una velada muy bonita.

Al día siguiente a la mañana hago la tarea y a la tarde vamos a comer en el centro y pasear por la costanera de Posadas y estamos con Bernardo y Gisela. Después nos llevan al Atelier donde trabaja y da clases Bernardo y tenemos conversaciones muy interesantes sobre pintura, las motivaciones, el significado de su obra. Un día muy bonito en el que Bernardo nos ofrece algunas obras para subastarlas y conseguir fondos para futuros proyectos. Aceptamos el ofrecimiento y nos citamos para el futuro cuando regresemos. Muy felices. terminamos con Rossy, cenando con ella una ensalada y charlando antes de irnos a descansar. 

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