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ETAPA 186 CORRIENTES-LA PALMIRA

85KM 125+

A las 16:30 estamos en la estación, nuestro autobús sale entre los andenes 4 y 14, con lo que no sabes donde reorganizar las maletas. A falta de quince minutos viene el bus y le pedimos a la chica de la taquilla si puede vigilarnos las cosas mientras las llevamos al bus. Esto es Argentina y a la que te despistas te ha desaparecido un bolso. Pasamos los típicos estreses de desmontar bicis, negociar con el bodeguero que hemos pagado todo y como encajarlo. No lo hacen tan bien como los de San Pedro, las bicis tapan la subida a la bodega y los bolsos los irán tirando en cada parada que haya. Nos quedan quince horas de viaje y muchas paradas. El bus es cómodo, las pelis malísimas, pronto nos hemos comido la cena y en cuanto oscurece nos entra sueño, pero en cada móvil suenan los sonidos y llega un momento que tenemos que pedir que los silencien. La noche entre paradas donde encienden las luces, los giros bruscos del conductor que nos despiertan con los bandazos, es de dos alturas y estamos arriba y se notan más. A base de golpes de sueños va pasando la noche, más lento de lo deseado, pero como siempre, las horas pasan y amanece cerca de la Resistencia. Se nota que el conductor hace tiempo para llegar a la hora exacta a Corrientes. Con lo que a las 8:00 llegamos a uno de los andenes y toca la segunda ración de estrés. Sheila se queda en la estación con parte del equipaje y voy bajando una a una las maletas para no dejar nada solo. Aquí cada estación tiene sus bodegueros y lo bueno es que las maletas tienen etiqueta y si no les das la otra parte no te la dan.

Toca reorganizar todo de nuevo, ya van quedando menos momentos de estos que te quitan un poco de vida. Como no vamos vestidos de ciclistas le añadimos el factor de tener que cambiarnos antes de cerrar las alforjas. Después de un buen rato con la gente mirando todo el proceso por fin nos ponemos en marcha. Hace un día estábamos en la provincia de Salta y ahora estamos en Corrientes camino de Iguazú a 65 metros de altura. Seguiremos durante más de una semana el curso del río Paraná a la contra. El río divide Argentina y Paraguay. Antes de salir de la ciudad queremos comprar algo para la cena y aunque hay decenas de tiendas queremos un supermercado donde encontrar todas las cosas que queremos y poder pagar con tarjeta. Al final en el buena suerte regentado por chinos con acento argentino nos abastecemos. Tomamos un café en una gasolinera cercana y ahora sí, comienza la etapa.

Nos cuesta unos kilómetros salir de Corrientes por una vía de doble carril que nos lleva a la 12. El paisaje ha dado un giró radical, rectas enormes, absolutamente lisas y con pastos a los dos lados infinitos. De momento ni rastro de montañas. Durante muchos kilómetros disfrutamos de un arcén donde podemos ir juntos charlando. Hoy el aire es en contra y de momento el sol hace acto de presencia. Temperatura superior a 25º y algo de humedad. Aunque hemos pasado la noche en un autobús, nos encontramos bastante bien. Pero hemos arrancado bastante tarde. Yo probé a poner un nuevo sillín en Salta para la bici, pero es muy malo y conforme avanzan los kilómetros el culo se resiente. No paro de ponerme de pie en una etapa plana, porque me duele sentarme. La primera recta dura casi treinta kilómetros, el tráfico es abundante y echamos de menos el silencio de Atacama.

Hay mucho ganado, vacas y jinetes por los arcenes con sus caballos. También mucha moto que nos adelanta. Hacia la mitad de la etapa paramos en la entrada a una finca que tiene un tronco tumbado en sombra para comer algo y descansar. Aunque la etapa es fácil, la noche pasa factura y para colmo a Shei le ha bajado la regla y tiene el cuerpo regulero. A 18km tenemos Itati con un sitio para comer y se me ocurre una moneda de cambio. Así que pedaleamos a buen ritmo, todo el que permite el viento y las fuerzas. Y pronto vemos un cruce donde hay una iglesia y varios puestos de comida. Entre ellos la hamburguesería Fenix, un chamizo de madera con unas pocas mesas y una cocina básica. Suficiente para cocinar de todo, en el rato que estamos no para de venir gente. Mi propuesta es cambiarle dos milanesas y un refresco por el sillín. Por lo menos saco una comida. El dueño acepta, y disfrutamos de dos milanesas. Para lo sencillo que es el negocio tienen hasta Instagram, así que hacemos un vídeo para agradecer y nos marchamos que quedan 21km para terminar etapa, hemos elegido La Palmira como final.

Lo que queda es más de lo mismo, seguimos a la misma altitud que al principio. Cansadicos y con ganas de acabar. Ahora la cabeza está puesta en Iguazú. Pensar que hace unos días estábamos en el desierto y ahora llegamos a unas de las cataratas más famosas del mundo es un privilegio y estamos entusiasmados. El arcén se termina y vamos en fila de a uno, era demasiado bueno para estar así hasta la frontera. Durante todo el día hay a los lados pequeñas lagunas. Es una zona muy húmeda, de pesca. En las regatas al lado de la carretera se oye un sonido como de gatos o pájaros, no lo reconocemos, pero es muy curioso. Llegamos a La Palmira y en la entrada hay una escuela de secundaria con alumnos, preguntamos si es posible dormir, pero es viernes y se van todos. Pero llaman a la encargada de la capilla que hay en frente y nos da el visto bueno. Entramos por un puesto de policía que está 24 horas y nos explica que ese sonido son las ranas, jamás las habíamos oído así. Tenemos cobertizo, baños y ducha, fría, pero ducha. Lo primero montamos la tienda, luego la ducha para que no nos de mucho frío y nos echamos un poco para descansar. El cuerpo colapsa un poco después de una mala noche y 85km de etapa. Luego ya hacemos tareas, nos cocinamos un arroz con verduras y nos acostamos a más de 1.000km de Salta. El pronóstico nos anuncia lluvias los próximos días. Esperamos que no cumpla mucho.  

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