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ETAPA 183 SANTUARIO 3 POZOS-PUMAMARCA

79KM 800+

La noche anterior hacemos la cena para nosotros y para Eli, la enfermera. Después de cenar cada uno a su cuarto, nosotros en el suelo de una sala que hay en el centro de salud, no es la primera vez que dormimos en un centro de salud, pero sí  la primera en rumbos. Aunque estamos a 3.440 metros, no hace mucho frío, nos tapamos con nuestro saco, que no usábamos desde Riachuelo. Supongo que de cansancio pero dormimos muy bien hasta que se abre la puerta a las 2.00 de la madrugada  y nos da un buen susto, porque Eli dice que nadie debería entrar. Es el asistente que entra a dejar cargando un aparato, nos enciende luces, nos despeja y se marcha. Luego los perros del pueblo comienzan a ladrarse de una calle a otra a las 4:00 y hasta que se callan pasa casi una hora. A las 6:30 suena el despertador con una noche bastante completa. Tenemos que recoger todo antes de las 7:00 que abre el consultorio. Para esa hora estamos listo y justo entra Eli, le sorprende lo del asistente y nos deja pasar a su cocina para que desayunemos algo. Una especie de panetonte que nos compramos el día anterior, un café y arranca la etapa ya con el sol en marcha.

Son las 8:00 y los niños entran en la escuela, vemos a la directora colocando la bandera y nos dice que ahora cantarán el himno. Dos alumnos en cada mástil colocan e izan la bandera de la región y del país mientras el resto canta a su manera el himno. Es curioso ver como en muchos países realizan este acto al comenzar las clases cada día. Yo me quedo un poco lejos de es ensalzamiento patrio. Ahora sí arranca la etapa, por los caminos hasta la carretera principal. No hace mucho frío, pero vamos algo abrigados. Una mañana tranquila, soleada, buena temperatura, mucha suerte de nuevo para ir hacia el Alto de Lipán. Da gusto pedalear así.

A los diez kilómetros no hemos subido nada y llegamos a Salina grande. Como el nombre indica es un salar inmenso que se extiende a los dos lados de la carretera y no se alcanza a ver el final. Por un lado tiene algo más de agua y refleja con el sol matinal. El otro está más agrietado y nos metemos con las bicis para hacernos la foto. La idea es llegar a conocer el salar de Uyuni a finales de junio, pero no sabemos si será posible, así que por si acaso dejamos recuerdo de este.

Desde ahí comenzamos a subir algo más, pronto dejamos el salar, pero cuando echamos la vista atrás hay una gran línea blanca en el horizonte. Si no supiéramos lo que es, pensaríamos que es nieve. La carretera sube lentamente encajada por un valle seco de montañas rojizas. Hoy hay algo más de tráfico, sobre todo viajeros en moto, muchos. Sacamos el brazo y les saludamos con los dos dedos como hacen ellos y todos nos devuelven el saludo y nos animan. El alto está a los 44km de etapa, los más duros los seis últimos. Desde el salar hasta ahí sube poco a poco, se nota porque estamos en altitud pero es muy favorable. Sólo hemos ascendido 400metros en 28km, quedan otros 400m en seis. En realidad no es exigente, pero cuando pedaleas a esa altura se nota. Aunque la verdad es que el día que subimos de Calama a 2.800 Sheila ya notaba los mareos y se le hizo muy duro y varios días después estamos más aclimatados. Yo no noto nada y ella algo de opresión en el pecho y el ritmo es más suave de lo normal para las rampas que son.

El viento es favorable y ayuda. Hay unas cuantas zetas que se ven desde abajo y luego dos grande rectas para alcanzar la cima. Las ves desde abajo y asustan, pero pronto vamos ganando altura. Ver desde lo alto el valle del que venimos es una sensación inexplicable. Conforme llegamos a la cima se ven montañas al fondo nevadas. Hacer etapas así es un placer. A los 44km por fin llegamos a la cima. Ahí hay varios puestos de ropa y souvenirs andinos. Nos hacemos la foto de rigor de nuestra máxima altitud y que no romperemos hasta que lleguemos a la paz en más de dos meses. Charlamos con los vendedores y con un inglés mayor que ha subido en bici mucho más abrigado. Él lo ha hecho con viento en contra, llega con guantes de invierno y dos capas, no sé si es muy friolero o que realmente le ha hecho frío, pero nosotros seguimos en manga corta y se tolera bien. Comemos algo, nos despedimos de los tenderos, de Chris, el ciclista y nos lanzamos hacia Pumamarca, está a 34km, todos de bajada. Probablemente una de las bajadas más espectaculares que hemos hecho en nuestra vida. Al inicio va lomeando con vistas a todos los montes y desciende ligeramente. Hay mucho viento a favor y nos acordamos de Chris. A los 4km llegamos al mirador y desde ahí se ven decenas de curvas, una serpiente que se extiende por toda la montaña y donde sopla el viento aún más. Nos paramos a contemplar lo que se viene encima y nos lanzamos a disfrutar de la bajada, unas rectas con viento a favor, otras en las que tenemos que pedalear. Rápidamente vamos perdiendo altitud y la temperatura va subiendo. Conforme bajamos aparecen nuevas sucesiones de curvas que no se veían desde el alto. Hay valles con mucha vegetación que parecen vergeles en mitad del desierto. Las laderas a los dos lados son muy pronunciadas y se dibujan grietas onduladas en las paredes. Bajamos, bajamos, el estado de la carretera está mal, se ha hundido en muchas zonas y la bici bota, con cierto peligro. Llega un momento que tenemos que quitarnos la ropa y vemos una curva que tiene una esplanada y donde hay una moto parada. Cuando nos estamos quitando la ropa, el chico se acerca y comenzamos a charlar sobre el viaje. Ellos van en moto desde hace 6.000km, son de cerca de Buenos Aires y han realizado ya muchos viajes por Sudamérica así. Nosotros en manga corta y ellos con el plumas. Llega un coche con otra pareja argentina que nos ha visto subiendo y nos quedamos un gran rato conversando todos sobre las realidades que hemos visto en África. Al rato suben dos cicloviajeros, les quedan casi 20km de subida y hace calor, les ofrezco agua y se paran a rellenar botellines y beber todo lo que pueden. Son dos brasileños, van más ligeros de equipaje y uno lleva una prótesis en la pierna derecha. Nos hacemos todos una foto juntos y nos despedimos.

Salimos de nuevo para los 14km que nos quedan de bajada hasta Pumamarca. Al rato nos pasan Pepi y Gisela, los dos moteros y nos graban un vídeo, se paran un poco más adelante y nos dicen, “al entrar en Pumamarca seguirnos, os estaremos esperando”. Seguimos descendiendo sin parar y toda la zona de curvas da paso ya a un valle de la zona de las montañas de los siete colores. Verdes, rojos, amarillos, grises, muchos matices en las rocas y seguro que según la hora del día que sea, habrá muchos más. No dan los ojos para observar todo. Después de 34km bajando estamos 1.800 metros más abajo que el alto de Lipán, nos acordamos de Chris y del viento en contra, de los brasileños que aún les queda casi todo y de que hemos tenido suerte con el lado que nos ha tocado en la ruta. Aunque pienso que me hubiera gustado enfrentarme a una subida así.

Cuando llegamos a la entrada a Pumamarca ahí están Pepi y Gisela, venid a nuestro hospedaje, esta noche la pagamos nosotros. Un poco más adelante nos metemos por una calle de tierra estrecha y hay una casa familiar con varias habitaciones con literas. Una mujer sonriente y muy obesa nos atiende, nos muestra la habitación y Gisela sin darnos tiempo deja pagada la noche. Dejamos todo, nos duchamos y hacemos un poco de tarea. Pero a las 18:30 quedamos con ellos para dar un paseo por el centro. Una ciudad muy turística, mucho restaurante con música en directo de la zona de las Quiacas, frontera con Bolivia. Nos tomamos un café y nos pegamos dos horas hablando hasta que es la hora de cenar y buscamos un lugar que en principio tiene buen precio y parece amable. Luego resulta que la música está muy alta y cuesta conversar, que la camarera parece que está enfadada, nos tarda una vida en servir cada plato y para colmo nos cobra extra por cubiertos. Mala experiencia en el Tierra de colores, para no repetir. Se nos han hecho las 23:30 y nos han faltado temas de conversación. Una gran velada con ellos. Ya en casa cada uno a su cuarto, a mí me queda editar el vídeo porque Shei se queda dormida nada más echarse y a mí se me hacen casi las 2:00 de la madrugada.

 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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