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ETAPA 182 SUSQUES-SANTUARIO 3 POZOS

58KM 450+

El día de descanso le ha venido bien a Shei, pero aún le queda un poco para estar al 100%. A la noche dormimos bastante mejor, la primera me levante a mear cinco o seis veces. La altura también afecta en eso. Esta descanso más y sólo una. Cuando suena el despertador Shei sale disparada al baño igual que el día anterior y hace dos veces diarrea. Duerme media hora más porque el cuerpo se le ha quedado temblando. Pero está bien y nos ponemos en marcha. En el sitio que hemos dormido hay dos moteros brasileños que van hacia Chile y les decimos que de mañanas no suele haber problemas con el paso fronterizo. Como siempre alucinan con que viajemos en bici desde hace tanto tiempo. Yo tomo un café con pan y nocilla y Shei sólo un té. No tiene hambre.

Antes de empezar la etapa, hay otra pareja argentina que viaja en coche por la 40 desde el sur, ya han recorrido 5.000km y cuentan que hay trozos muy destruidos. Parece mentira que una vía tan mítica no esté muy cuidada. Quizá hemos acertado en elegir la carretera porque ir por esa ruta con el suelo tan roto igual habría sido complicado tal y como está Shei.

El cuerpo responde e iniciamos la etapa. Lo más duro está en los primeros 13km, comenzamos con la primera subida los primeros tres kilómetros. Rampas al 10% que para comenzar a 3.600msnm nos ponen las pulsaciones a mil y sudamos mucho a pesar de que hacen 15º. La subida deja un valle con un río que casi no lleva agua, todo está muy seco, imagino que esto en épocas con lluvias será un espectáculo. En la subida vemos varios burros, que deben ser plaga y los camiones bajan muy despacio, huele a freno. Imagino que a estas altitudes los vehículos sufrirán mucho. Cuando llegamos al primer alto, descansamos, Shei se mete algo de coca en la boca y arrancamos. No sé si son las hojas o hay algo de placebo, pero ella va algo mejor.

Desde ahí va subiendo poco a poco con un paisaje hacia la cordillera. A ratos vemos rebaños de Llamas que pastan en los laterales y están bastante acostumbradas porque no salen corriendo. Los camioneros nos saludan todos. No hay casi tráfico, la temperatura es buena, está soleado y el paisaje es brutal, con lo que son de esos días que te reconcilian con el viaje. Vamos subiendo poco a poco y toca la segunda subida del día, con las rampas más duras que acompañan a la montaña. En uno de los altos hacemos otra parada para comer unos caramelos, generar saliva va bien porque el aire es seco y la boca se queda como un zapato. Toca un poco de bajada y otro repecho hasta los 3.880msnm, máxima altitud del viaje hasta la fecha. En pocos días vamos batiendo el record. Parece mentira que cuando pasábamos por Turquía a 1.925 metros nos pareciese algo increíble, que en realidad lo es, comparando con las subidas cerca de nuestra casa, pero hoy estamos casi dos mil metros más altos que aquello. Nos hacemos la foto de rigor y seguimos camino.

Las bajadas con estos paisajes terrosos son suaves, de curvas amables y gozamos. Nos queda el último repecho del día y ya se acaban las dificultades. Hacemos otra parada para comer algo, Shei tiene hambre, normal y además es buena señal. Desde ahí tenemos unos kilómetros de bajada  de los más bonitos del viaje. Una garganta terrosa que recuerda a la garganta del Dades en Marruecos, con cactus de esta zona que alcanzan hasta los siete metros y que dentro tienen una especie de madera con la que hacen muebles. En un momento dado hay un grupo enorme de llamas en mitad de la carretera. Paramos a observarlas, ellas hacen lo mismo. Lo hacemos desde una distancia prudencial ya que van con crías. Desde que comenzamos el viaje que cantidad de animales hemos visto tan diferentes. Ahora tocan estos camélidos, entre vicuñas, llamas y alpacas. Las normalizaremos hasta que de repente ya no estemos aquí y las echemos de menos.

Seguimos bajando un buen rato y de repente se abre el paisaje a un valle enorme. Nos sentimos diminutos. Cada vez se abre más y parece que estamos en la olla de un volcán. Una gran meseta que baja lentamente y donde pedaleamos con buen ritmo. Rectas enormes con zonas de salinas a los dos lados. Llanuras arbustivas y en esta ocasión hay muchos burros y llamas muertas por los arcenes. El olor nos recuerda a Tasmania con sus decenas de animales muertos cada día. Nos quedan 13km para terminar y es muy buena hora, podemos seguir hasta el final tranquilamente, pero Shei ha leído que hay un sitio para comer con muy buenas críticas hacia la dueña. Todo indicaría que mejor seguir y acabar etapa antes, pero algo nos empuja a preguntar en una caseta donde pone Comedor Runa Cachi. Está cerrado y una chica nos abre. Es domingo y es día de descanso, pero por la razón que sea nos ofrece hacer una milanesa con spaguetis. Pasamos, somos lo únicos. Compartimos un plato ya que no queremos comer mucho. Mientras comemos surge la conversación sobre la realidad del agua, las dificultades de vivir ahí, como las minas de litio se llevan todo el agua y contaminan el resto. Al final hay una buena conversación con Vanesa y tomamos su contacto, no descarto que esta sea una zona donde hacer un proyecto en el futuro. La zona de Cerro Negro en Salta. Están muy desatendidos, pertenecen a Salta, pero están más cerca de Jujuy que no les ayuda, unos por lejanía otros por no pertenecer a la jurisdicción. Nos enseña su pozo y nos pasa su contacto.

Nos quedan 13km que son fáciles pero comienza a soplar el viento y una nube tapa el sol y se nota la bajada de temperatura. Desde la casa de Vanesa hasta Santuario tres pozos es una recta de 13km que se hace algo larga, hay ganas de acabar. El último tramo es 1,5km de tierra que nos muestra el camino con serrucho que habríamos tenido hasta San Antonio de los cobres. Llegamos a un pueblo a 3.442msnm, de calles en cuadrícula de tierra. Son las 14:30 y no hay nadie por la calle. Al entrar hay un colegio nuevo, vallado y cerrado y un cartel dibujado con todas las cosas que hay en el pueblo mostradas con símbolos. Buscamos la policía y ahí un chico nos dice que para poder dormir tenemos que preguntar a Flavia Llamas, la presidenta de la comunidad. Pero está trabajando en otro pueblo y no tiene cobertura. El único hospedaje que hay es muy caro y nos acercamos al centro de salud. Es pequeñito, dos salas y ahí está Eli, la enfermera que hace guardia y nos ofrece que al cerrar podemos poner un colchón en el suelo para pasar la noche. Pero tenemos que esperar a las 19:00. Nos quedan varias horas, primero vamos al parque, pero hace mucho aire y frío, luego nos ponemos en frente del centro de salud donde el wifi del pueblo funciona y hacemos tiempo, pero a la sombra hace frío. Terminamos sacando las sillas y acampando en la puerta del centro de salud que nos da el sol. La tienda de comida abre a las 17:00 de la tarde y compramos algo de verdura. Mientras tanto yo escribo con el ordenador ante la mirada atónita de los vecinos que pasan. A las 19:00 entramos en el centro de salud, nos instalamos, nos hacemos la cena y dormimos pronto, que la etapa del día siguiente puede que sea dura.  

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