100KM 1360+
Meterte a la cama sabiendo que al día siguiente afrontas una etapa dura genera un desasosiego que quizá sea contraproducente. La noche se hace larga y el despertador suena pronto, hoy tenemos 100km, no sabemos que tiempo va a hacer y tenemos un paso a 3.426msnm, con lo que cierto nerviosismo existe.
La idea es salir a las 7:30 como tarde, a las 6:45 suena el despertador, recogemos todo y nos tomamos un café para afrontar la etapa, ya comeremos algo más por el camino. Entre bajar las alforjas, hace mucho que no nos tocaba hacer escaleras y el ir y venir llevando el equipaje hasta las bicis. Laura, una chica boliviana que trabaja en el hostel nos abre la puerta de la cochera y vestimos las bicis. Se nos ha ido algo la hora y casi son las 8:00.
Calama es uno de los motores económicos del país por la minería, es uno de los lugares más secos del mundo. Rodeada de desierto parece un lugar aislado. A mi no me ha resultado atractiva y por mucho dinero que puedas ganar ahí, no creo que viviera en ella. Salimos hacia el sol, tenemos algo de viento en contra pero no mucho. Partimos de 2.300msnm, ya estamos bastante altos. La etapa es aparentemente sencilla, ir subiendo poco a poco. Calama se queda atrás y entramos en un paisaje que nos recuerda a nuestros días de Kazajistán o Uzbekistán, terroso, yermo. Son grandes rectas con buen arcén y vamos casi todo el rato en paralelo. Pasan camiones, pero menos de lo que esperábamos. Para ser grandes rectas con buena visibilidad, hay demasiadas animitas, por todo hay altares, en algunos casos con los coches del accidente.
La etapa es monótona y aunque no estamos muy altos, notamos la falta de aire. A los 38km paramos en una animita que tiene bancos y comemos un plátano y cacahuetes, no tenemos demasiada hambre y Shei no está 100%. Nos quedan 22km hasta lo más alto y a partir de aquí la inclinación es algo más evidente. Nos marcamos parar a falta de 10km para descansar y comer algo, pero a Sheila la altura le está afectando mucho y a los 7km tiene que bajarse de la bici porque le fallan las piernas. Se sienta en el terraplén y preparo un bocadillo con nocilla no sea que estemos teniendo algo de pájara. Mientras comemos, para un chico brasileño, lleva doce años caminando el mundo y es un instagramer, nos graba, nos presenta y se marcha ofreciéndonos agua fría, pero estamos bien surtidos.
Seguimos subiendo poco a poco y hay un chico tratando de ver que le ocurre a su camión que parece averiado, le ofrecemos agua, pero dice que tiene, nos da las gracias y lo dejamos en esa recta infinita mirando a Calama. A los cuatro kilómetros paramos otra vez, Shei se sienta de nuevo, está mareada. Es extraño que a los 3.000 metros le afecte, pero su cuerpo no gestiona bien la altura por lo visto. Antes de llegar al alto hacemos otra parada y ya por fin alcanzamos el tope de rumbos olvidados que iremos superando estos días. Con una señal de paso de llamas y vistas a un volcán nos hacemos la foto y comemos un bocadillo que tenemos preparado.
Desde ahí tenemos un llaneo de siete kilómetros a 3.400 metros hasta alcanzar una bajada de veinte kilómetros con unas de las mejores vistas del viaje. Quizá por la novedad del paisaje y el contraste con todo lo vivido. Bajamos un puerto con las pocas curvas de todo el día. Hemos tenido la suerte de subirlo por el lado suave. Hay un paisaje de montañas nevadas, volcanes al fondo, con llanuras rojizas y es imposible no quedarte impactado mirándolo.
Llevamos muchas horas sobre la bici y la etapa tiene un extra de 6,5km para subir a 2700 metros. Ahora el viento sopla mucho más fuerte y es una recta que parece interminable. Vamos lentos, más que en la anterior subida. Ese regalo envenenado se atraviesa un poco. Ya desde ahí toca bajar de nuevo hacia San Pedro. Hay un mirador que anuncia la cordillera de la sal y el desierto de Atacama. Después de descender de 3.400, el cuerpo se siente mejor, sabiendo que ya no quedan subidas y que no queda más que llegar a la ciudad, las sonrisas son enormes, pero han sido casi diez horas de etapa.
De repente hay una especie de oasis, vegetación en torno a la ciudad. Muchas rutas a diferentes visitas. San Pedro es el primer lugar donde vemos masificación turística. Casi no hemos visto en un mes y de repente calles con cientos de agencias de turismo, bares, tiendas de souvenirs, parece otro mundo. Antes de ir al hotel preguntamos en la estación de buses a ver si quedan asientos para el día 4 de abril y si nos dejan meter las bicis. Todo son respuestas sin seguridad, “venid el sábado para saber si tenéis sitio…”, pero arriesgarnos a la mañana del viaje es muy arriesgado.
Nos vamos al hotel, nos instalamos, hacemos algo de compra en una de las ciudades más caras de Chile y ya terminamos el día. El cuerpo está molido y después de la cena caemos los dos rendidos. La última etapa en Chile ha sido un epílogo a la altura del país.