39KM 330+
La noche ha sido tranquila, hemos estado solos en el parque, de puro cansancio nos quedamos dormidos y no nos enteramos a qué hora se marcharon los voluntarios que hicieron guardia. Me parece maravillosa la confianza que depositan en nosotros para dejarnos el parque a nuestra disposición. Nos vamos pronto a la cama, estamos agotados. Hace tres días Shei estaba griposa de tantas lluvias y fríos y ahora me toca a mí. La garganta, un dolor fuerte de cabeza y los músculos como si no fueran míos, me duele todo. Saber que no puedo quedarme en cama al día siguiente y que tengo 40km hasta Concepción no me deja descansar del todo, me despierto varias veces y cuando suena el despertador no puedo moverme. Shei va mejor y se levanta a preparar algo para desayunar, no tengo apetito, pero algo hay que comer para andar en bici. Al final saco fuerzas de donde no las tengo, me tomo un paracetamol a ver si me sube un poco la energía y bebo un café caliente. Mientras desayunamos viene Sara, la capitana del parque a despedirse. Se preocupa de que estemos bien y además nos da más paracetamol, ya que se nos han acabado las reservas. Ella se marcha a trabajar y de nuevo nos deja a cargo de un parque vacío. Terminamos de comer, limpiamos y montamos las bicis. Me muevo a ritmo de caracol, son ya las 10:00 de la mañana y a pesar de que el día está despejado y hace sol, la temperatura no supera los 6º. El frío se mete por todas las rendijas de la ropa, seguro que lo hace siempre, pero en ese estado lo siento más. El día anterior, el remate fue que no había agua caliente. En un día frío, con el cuerpo griposo una ducha con agua helada me remato.
Salimos a las calles de Florida y casi no hay nadie, la mayoría está en el colegio, el trabajo, en casa o en la carretera. De momento seguimos en una secundaria hacia Concepción, sin arcén y llena de curvas. La temperatura es fría, más de lo normal en esta época del año, pero hace sol. Debido a las curvas, los árboles, y que está algo encajonada hay mucha sombra y pasamos algo de frío, además el perfil es en semibajada y hoy agradecemos subir para entrar en calor. Mis piernas no me pertenecen, pedaleo por inercia, sin fuerzas y vacío. En un viaje largo tocan unos cuantos días en los que te quedarías en la cama, hoy es uno de esos.
En uno de los altos paramos en uno de los cientos de altares que hemos visto desde que llegamos a Chiloé, en concreto es el de Marcelo Mellado Espinoza. Aquí les llaman animitas. A lo largo de nuestra vida hemos visto lugares donde dejan unas flores donde falleció una persona, pero en Chile es otra dimensión, hay auténticos escenarios con camiones, coches, motos de decoración recordando a quien falleció. Algunos son sencillos, pero otros tienen hasta baldosas, bancos y flores permanentes. Son parte del paisaje vial y además de homenaje sirve de recuerdo y de educación. Cada día vemos decenas. Quiere decir que demasiadas personas han perdido la vida en las carreteras. Me acuerdo de uno donde estaba hasta la bici rota del accidente.
Paramos un poco en ese banco, nos calentamos con el sol que ilumina el banco y retomamos la ruta, la etapa es corta y hoy que no llueve, a pesar de que estoy enfermo, realmente es llevadera y hacemos los 30km de curvas rápido. Seguimos al final el curso del río Andalién. Antes de llegar a Concepción se desvía para desembocar al norte de la ciudad y no llega a confluir con el Bio Bio, que es el segundo más largo del país. Pronto llegamos a una vía de dos carriles y hay un carril bici, algo sucio, pero carril bici. La cuestión es saber cuántos kilómetros durará, ¿llegará hasta la salida a Palomares que es donde dormiremos? Circulamos paralelos a la autovía que llega a la segunda ciudad del país. Tranquilos observando el paisaje quemado hace mes y medio y como en muchos casos llegó hasta las casas. Trabajadores continúan limpiando las consecuencias, algunos desguaces apilan coches calcinados. Por suerte los 9km son por carril bici hasta nuestra salida y ya entramos en una pequeña población que antecede a la gran ciudad. Un pueblito de casas pequeñas con sus negocios locales y subimos por una de las calles hacia la casa de Jessica. Al fondo todos los árboles sin hojas, anaranjados, muertos y tocando con las casas. Ahí nos espera y recibe Jessica, la amiga de Pamela que conocimos en Fresia semanas antes y que le pidió que nos ayudara. Lo increíble es que sin conocernos no lo duda, nos cede la habitación de su hijo. Dejamos las bicis, nos duchamos, comemos y yo voy directo a la cama a ver si el descanso expulsa la enfermedad, pero de puro dolor muscular no llego a conciliar el sueño. A la tarde vienen sus amigas para conocernos y cenamos todos juntos, charlando sobre la realidad del país con el nuevo presidente, la del mundo por culpa de Trump, la de nuestro viaje. Me escapo a la cama y Shei se queda conversando hasta bien entrada la madrugada, feliz, surge la conexión rápidamente.
Al día siguiente pequeño paseo al mercado y el estadio de fútbol para comprar la comida y a la tarde desmontar las bicis y rehacer maletas, a la noche volamos hasta Calama porque Chile es muy largo y no llegaremos a tiempo al Hospital en Bolivia si lo recorremos entero. Los autobuses no nos dejan meter las bicis y por suerte encontramos un vuelo muy barato y nos ahorramos treinta horas de viaje. Ganamos un día. La próxima vez que montemos las bicis estaremos 2.000km más arriba a más de 2.500 metros de altitud camino de Atacama, pero eso será la siguiente etapa.