84KM 775+
Aunque hemos dormido pegados a la calle, la noche ha sido tranquila. Varias de las personas que estaban en el hospedaje han ido saliendo y como nuestra ventana daba a la cochera nos hemos enterado de todas. Por suerte teníamos pronto el despertador. Cuando estás a gusto durmiendo da pena no aprovechar la habitación. Este hospedaje, aunque tiene muebles viejos, está cuidado y tiene su ponto acogedor. Nos hacemos un café con el agua caliente del grifo y con dos yogures y un plátano que tenemos del día anterior nos damos por desayunados.
Es difícil calcular la ropa que necesitas desde el calor de la habitación y el parte de internet es muy relativo, no son lo mismo 7º sin viento ni humedad. Salgo a la calle para sentir el frío y pide ropa. Hoy hace frío y es muy húmedo. Cuando vamos a salir llega una de las furgonetas que ha salido temprano, es un minibús escolar, supongo que aún no habrá llevado a los alumnos porque son las 8:00 de la mañana y algo que nos ha sorprendido en Chile es que los negocios abren muy tarde. Salimos a la calle y a los 200 metros Shei se da cuenta de que está pinchada. Justo el día anterior había mirado que no pinchábamos desde Camerún y lo había comentado. Ni un día hemos tardado, hay veces que es mejor no mencionar las cosas. Probamos a hinchar y parece que no pierde aire rápido así que nos damos el beneficio de la duda para no parar el arranque mucho.
La salida de Traiguén es por una cuesta muy empinada y ya hemos entrado en calor. El perfil no es muy duro, pero será rompepiernas. El día comienza con mucha niebla y hay poco arcén, con lo que nos sentimos bastante inseguros con el paso de los camiones que no frenan nada a pesar de la poca visibilidad que hay. Yo, por mucho camión que condujera, no iba a esa velocidad con niebla ni en urgencia. Se van sucediendo cuestas hasta que a los 16km la rueda de Shei pierde el aire de golpe. Nos paramos en un sitio algo seguro al lado de la carretera y cambiamos la cámara. La válvula se secciona y creo que más que pinchazo es que perdía aire de ahí. Estar parados media hora nos ha dejado helados. La humedad de la niebla se ha metido hasta los huesos. En todo el rato que hemos estado ahí, ni un coche ha parado a preguntar si necesitábamos algo.
Arrancamos con bastante frío y el cuerpo tiembla sin control, vamos con guantes y buf, ahora deseamos tener cuestas para templar y como por arte de magia vemos el cielo azul al fondo y la niebla desaparece. Con lo que nos tenemos que quitar la ropa porque la radiación del sol nos abrasa. No hay día que no tengamos que quitarnos la ropa varias veces. Nos marcamos llegar hasta Los Sauces para comer algo y tomar un café. Con ese cielo, un paisaje algo deforestado, pero con tranquilidad, somos conscientes de la suerte que tenemos de poder pedalear por Sudamérica. Llegamos a un pueblo pequeño, pero que tiene de todo. Hay una panadería con mesas en frente de la estación de buses. Mucha gente esperando a que venga el suyo, un hombre con retraso canta y aporrea la guitarra y llena el aire con sus gritos sin armonía. Compramos un café en un food truck y templamos el cuerpo y llenamos el estómago con algo de fruta. Nosotros nos vamos, pero el señor se queda y los vecinos también. Alejarnos es descansar, lo hemos ignorado, pero notamos el descanso al dejar de escucharlo.
Nos marcamos llegar a Angol para el siguiente descanso. Otros 28km con ligeras subidas y bajadas. Carretera secundaria con más tráfico del deseado, vamos hacia Los Ángeles y parece que la gente evita la 5 por la razón que sea. Pasamos por zonas de reforestación que por desgracia han sufrido un incendio hace poco. Todo está devastado y por lo que parece el fuego corrió mucho, porque las copas de los árboles están verdes. En un momento dado nos pasan varios camiones llenos de troncos, mientras vemos todo el bosque con futuros árboles quemados, es un cúmulo de estímulos sobre el mismo tema y no es posible captar esa sinergia de conceptos en una sola foto, demasiado contenido para un instante.
Angol es grande y nos cuesta circunvalarlo. Sorprende la de árboles que están intercalados entre las casas. Se ve una ciudad extendida hasta la montañas y parece un bosque. Cuando queremos darnos cuenta estamos en una autopista y no hay otra opción que seguir por ahí. Una señal pone prohibido bicis, pero no hay alternativa. Como nos habíamos marcado parar ahí, nos sentamos en la parada del bus, comemos y decidimos que hacemos. La respuesta es hacernos los suecos y seguir como si no nos hubiéramos enterado, pero si no tenemos que hacer muchos kilómetros para llegar a Los ángeles que están a cincuenta.
Pedaleamos los 15km de autopista hasta Renaico con tensión, sin mirar para atrás, soportando el tráfico rápido y uno detrás del otro. El ritmo es bueno, pero se hacen eternos. Mañana nos quedan otros 20km, pero ese será problema de mañana. El arcén está bastante sucio de las ramas que sueltan los camiones que llevan árboles, mucha piedra, cristales… Van pasando los kilómetros hasta que llega la salida y por fin respiramos. Ahora el problema es que va a llover a las 18:00 y no queremos mojarnos durmiendo con la tienda de campaña. Vamos primero a una tienda cerca del parque principal a comprarnos un donut y un café, con la tripa llena se piensa mejor. Las mujeres de la tienda nos dicen que quizá en el camping nos pongan a cubierto, pero que preguntemos en el parque de bomberos que está justo en frente.
Así que ahí vamos, los parques funcionan con voluntarios y alguno es pagado. Está el responsable de la centralita y nos recibe. Llama al comandante y viene Sebastián, un hombre amable, tranquilo que nos ofrece dormir en la habitación donde hay literas. Charlamos un rato de la profesión, nos enseña orgulloso todos los camiones y el equipamiento que tienen. Los camiones son casi nuevos y el de rescate es de primer nivel. Después de enseñarnos todo, me toca arreglar el segundo pinchazo del día. Esta vez es la mía, se me ha clavado un pequeño hierro. A falta de uno, dos en el mismo día. A ver si ya no tenemos en un buen tiempo. Arreglo la rueda, nos duchamos, y hacemos la tarea antes de que vengan varios voluntarios que harán maniobras. A las 18:00 comienza a jarrear y desde dentro del parque se ve mucho mejor. Mientras escribo, suenan los pitidos de los camiones que salen de la cochera, la vacían para los ejercicios. Bajo y nos hacemos todos una foto y luego les veo entrenar tendido de mangueras y circuito con equipo autónomo. Admito que cuando eres bombero a tiempo completo se pierde esa ilusión que veo en los voluntarios que van al parque con una pasión y nunca mejor dicho con una llama en la mirada que se pierde con los años.
Luego cenamos en el parque y nos quedamos el centralista y nosotros. Mañana sabremos si la noche ha sido tranquila o no.