78KM 1010+
ETAPA 174, 19 MARZO, TEMUCO-TRAIGUÉN, 78KM 1010+
Durante la noche no para de llover, donde dormimos es una estructura levantada con maderas y chapas en la parte trasera de una casa, con lo que es bastante sencilla y por momentos parece que saldremos volando. Sheila no para de soñar que entra el agua y tenemos que evacuar mojados, con lo que no descansa muy bien. A las 7:00 suena el despertador, la meteo dice que a partir de las 9:00 no va a llover. El cielo está muy oscuro todavía, pero no dan muchas ganas de salir con la bicicleta. Lo cierto es en un viaje de estos hay momentos en los que tienes que luchar contra ti mismo, muchos de los días te habrías quedado en casa, ya sea porque el cuerpo pide fiesta, porque hace un día horroroso que no invita a salir o porque el lugar te gusta y quieres pasar más tiempo. Pero el viaje respira y su vida continúa, con lo que una vez sales de la cama y calientas agua para el café comienza un nuevo día.
El sitio donde dormimos parece una favela de barriada con la chapa okume, las baldosas mal puestas y todo tan sucio, pero te terminas acostumbrando. Nos hacemos el desayuno, unos huevos con tostadas y embutido. No tenemos mucha hambre, pero hay que comer algo. Toca montar la bici fuera, porque dentro de la casa no caben con las alforjas y no salen por la puerta. Todo está super desordenado, es increíble lo que ha bajado el nivel de los alojamientos de plataformas de internet, cualquiera poner su casa para alojarte, pero es que hay casos que vas a una casa literal y depende quien viva no se preocupa en recoger nada y todo está que parece un chatarrero.
Salimos de la casa a un callejón de un barrio de casas pequeñas y al fondo hay una ferretería llamada Navarro, tenemos que comprar una llave y lo hacemos en un lugar que nos recuerda de donde venimos. Para salir de Temuco lo hacemos por unas calles de tierra que por la lluvia están embarradas. Parece mentira que en una ciudad tan grande y en Chile, haya gente que viva con calles en esas condiciones. No es más que un kilómetro, pero son las rampas más duras del día que a Shei le obligan a poner pie al suelo y lo justo para poner las bicis super sucias.
Desde ahí comienza la etapa, toda la etapa como quien dice y ya estamos con las pulsaciones a mil. El parte decía que íbamos a tener sol, pero el cielo está encapotado y con viento en contra. Nos ponemos Chol Chol como primera parada. El perfil va subiendo poco a poco y luego un descenso fuerte hasta el pueblo. Conforme avanzan los kilómetros el sol sale tímidamente de vez en cuando y se agradece. No estamos muy altos y pasamos por zona de llanuras con algunas cuestas que van sumando metros positivos. Hasta que bajamos al primer paso de río, el Chol Chol.
Aquí los pueblos están construidos en damero con lo que es muy fácil orientarse. Hay varios sitios donde parar, pero elegimos una caseta de madera que vende algo de comida, cafés y golosinas. Una mujer mayor, algo gordita nos atiende con una sonrisa. “¿De dónde vienen?”, “de España”, “¡desde allá!”, “no, hemos volado”, pero para ella tiene mucho mérito, no podría aguantar una cuesta. Tomamos dos cafés con el sol secando la ropa y cargando nuestra energía. Tanto que nos ponemos crema solar. El descanso nos viene bien y nos lanzamos a la parte más dura de la etapa, tenemos tres bajadas al río y tres subidas, además el viento sopla en contra. En realidad, desde que iniciamos Chile siempre ha soplado en contra porque vamos al norte y aquí es lo normal. Sólo hay una etapa que vamos hacia el sur y es la más dura, hacia San Pedro de Atacama, esperamos que ese día el viento se porte.
Afrontamos la primera de las subidas y con el sol y menos tráfico de lo esperado podemos ir en paralelo charlando. Como casi todo el viaje, si no hay casas, lo que hay es terrenos vallados donde perros salen a nuestro encuentro a ladrarnos. Alguna vez los perros saltan la valla y nos pegan un sustazo tremendo con lo que un buen grito, silbido, gesto para pararlos en seco. De momento ha funcionado. Después de la primera subida tenemos un falso llano que pica hacia arriba con eucaliptos a ambos lados, huelen bien, pero si no fuera que sabemos lo dañinos que son, de alguna manera les hemos cogido aversión.
La segunda bajada al río Quillén que baña Galvarino, este pueblo tiene algo, está como encajonado en montañas, una calle atraviesa a lo largo y los negocios están a ambos lados de esa calle y hay mucha gente y mercados. Tiene vida y con el río es un lugar al que vendría a relajarme. Pasamos el río y comienza la segunda de las subidas, bastante más fácil de lo esperado y de nuevo llegamos a otra especie de meseta que pica para arriba entre bosques. Nos había dicho que era una carretera de camiones madereros, pero hoy no estamos teniendo mucho tráfico y se agradece. El sol que hemos tenido en el café de la mañana ha desaparecido hace rato y las nubes se van enfadando por momentos y nos abrigamos un poco. Bajamos al tercer río del día, el Quino, buena bajada y la subida más dura del día y con las fuerzas más justas y encima comienza a llover, así que se hace algo pesada. En el alto hay una parada de bus y ya son las 14:30, comemos algo de fruta, cacahuetes y nos tenemos que poner el chubasquero. Creo que no ha habido día en Chile en el que hayamos terminado la etapa con la misma ropa que hemos empezado.
Tras el descanso, salimos a ver si la lluvia no pasa de ese tixirimiri y por suerte va turnándose con el sol hasta que llegamos a Traiguén, con el cuarto río del día, llamado igual que la ciudad. Hoy en día esta zona de Chile no creo que tenga problemas de agua, hay ríos por todo y con lo que llueve es normal que todo esté tan verde. El problema es si los países hacen como Milei que está vendiendo zonas con importantes acuíferos a Israel al sur de Argentina. El agua será la guerra del fututo y varios países están moviendo ficha.
Llegamos a Traiguén sin alojamiento y preguntamos en tres hasta que encontramos por consejo de dos señores en el mercado que tiene buen precio. Mientras Shei compra algo de carne, dos niños no paran de preguntar cosas de nuestro viaje ante la mirada sonriente de dos señores que alaban mi paciencia. Justo en esa calle, el hospedaje es el más barato como ha dicho uno de ellos y nos quedamos en ese. Un señor mayor muy amable que nos lo deja por 19€. Nos instalamos y el resto de la tarde descansamos y hacemos las tareas de siempre.