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ETAPA 161LIFFEYS FALLS-DEVONPORT-FERRY GEELONG

94KM 900+

Última acampada en Tasmania, el sonido de las cucabaras con su canto carácterístico, la tranquilidad de la mañana, despedirse de esto se hace duro, pero siempre esperan nuevas aventuras. La tienda de campaña está mojada de la condensación, la extendemos en la gravilla a ver si se seca algo y desayunamos pan con nocilla y café mientras tanto. La etapa vuelve a ser larga y lo que apetece es preparar un desayuno con calma, huevos, tostadas, café caliente, pero no hay tiempo para eso. Nos conformamos con no arrancar directamente. Guardamos la tienda mojada y esperamos tener algún momento del día con sol intenso para secarla. Aunque en realidad es la última noche que dormimos en ella, las dos cremalleras están rotas y entra agua por el suelo, así que hemos comprado una nueva.

El comienzo de la etapa es de los más exigentes que hemos tenido en el viaje, en 1,5km subimos 170+, algunos momentos de rampas del 19% con pista de gravel que obligan a Shei a poner pie a tierra. Primero porque el cuerpo no está en marcha todavía y segundo porque como dudes un poco con esas rampas o te tuerzas algo, te paras y ya no hay quien arranque. Pasados esos 2km todo vuelve a una “normalidad”, subida, pero no imposible. Nos tememos los días que haya que subir a La Paz, en Bolivia, donde habrá 3600+ en 75km y encima en altitud. Lo que seamos capaz de hacer esas etapas, lo sabremos en cuatro meses.

La etapa comienza en un bosque frondoso, en silencio, con granjas intercaladas, los árboles en su mayoría de la familia de los eucaliptos suben decenas de metros y el cuello no da para mirar sus copas. Hoy tenemos suerte y vemos varios wallabies corriendo por los campos o cruzándose por el camino. Con el sonido de los pájaros de fondo te pone en contexto de donde estamos. Uno normaliza esa naturaleza, pero Tasmania es un sitio espectacular. A los doce kilómetros dejamos el camino y llegamos a una secundaria, pisamos asfalto y nos despedimos del gravel. Uno amanece en mitad del bosque y siente estar en mitad de la nada y en realidad está a nada de la civilización.

Desde ahí tomamos secundarias con pocos coches hasta Deloraine. Hoy la etapa tiene 820+, no es sencilla aunque bajamos hasta el nivel del mar. Así que sin subidas grandes tenemos que acumular desnivel y eso sólo se hace a base de un perfil rompepiernas con cuestas casi todo el rato que te rompen el ritmo. El bosque da paso a zona de granjas con pastos secos donde de vez en cuando hay árboles en la carretera que te refugian del sol. Es la última etapa en Tasmania y el cuerpo sabe que viene descanso y está rebelde. Antes de llegar a la ciudad vemos algunas casas que parecen mansiones con sus tres coches aparcados en el frente. Es un mundo muy ajeno a lo que nos estamos construyendo en nuestra cabeza que necesitamos para nosotros. Cuando viajas en bici con lo justo y donde cualquier extra que consigues es un lujo y un premio, ver el ritmo material y de consumo de gran parte de la población te distancia del sistema. Después de ver a millones de personas caminando a por agua, viviendo en casas de barro, sin luz, descalzos y ropa rota, te remueve todo y pones en perspectiva que es lo que tiene realmente importancia. Si mantenemos ese criterio y coherencia en el futuro, sólo el tiempo lo dirá.

A los 35km llegamos a Delorain, hay una feria de coches antiguos y las calles están cortadas. Miles de personas alrededor de una exhibición de vehículos. En otras zonas hay coches nuevos, remodelados y modificado con grandes motores que se oyen desde la distancia, rugen motores y todos hacen fotos y vídeos. A nosotros nos molestan, el gasto innecesario y sobre todo el ruido, queremos tomar el café tranquilos. Pedimos uno grande, lo dividimos y lo completamos con agua. Una forma de ahorrar. Cuando vamos a arrancar, vemos que en nuestros botellines hay larvas de algo, quizá de los depósitos de lluvia que hemos llenado en Derby o Lilydale. Es seguro que nos habremos comido unas cuantas, pero cuando las ves ya es otra cosa. Por si acaso regamos las plantas y llenamos en la cafetería de nuevo.

Nos quedan 47km para acabar etapa y 400+. La pega es que el viento sopla en contra todo el día, da igual si vamos hacia el norte, el este o el oeste. Los kilómetros pasan lentos entre grandes extensiones de pasto. Ahora el paisaje es mucho más abierto y poco a poco vamos hacia el mar. Tenemos un rato de vía principal donde los camiones nos bambolean a su paso. Con felicidad llegamos al otra carretera secundaria que nos evitará sustos casi hasta Devonport. Un cartel marca Cradle Mountain, hace cuatro semanas salíamos en esa dirección y ya hemos cerrado el círculo. Tenemos la sensación  de que ha sido hace un día. El acordeón de la memoria si contrae y acaba de comprimir 1200km en un solo recuerdo. Pasan caravanas y moteros de vez en cuando y recordamos como nos sentíamos el primer día al ver todo, los buzones en la carretera hechos con restos, las granjas, los animales muertos por todo, las señales amarillas y ha sido una gran experiencia.

Con Cradle mountain de fondo nos desviamos hacia el norte. Hacemos la última parada en Railton. En el pueblo hay baños públicos, un cobertizo con bancos, mesas y una plancha para cocinarte. En ese aspecto, el cuidado a los campistas es inmenso. En cuatro semanas no hemos dejado de ver lugares de esparcimiento, muchos gratuitos y todos en uso. A las 14:00 salimos para hacer los últimos 20km. Nos quedan algunas rampas y las piernas nos piden fiesta. Luchamos contra el viento que se agrava por la cercanía del mar. Grandes rectas con menos árboles y cada vez más tráfico. Los últimos diez kilómetros es zona urbana y para entrar en la ciudad nos toca una rampa dura para exprimir las últimas baterías musculares. Ya vemos el mar, en las rectas de Devonport. Es una ciudad con calles en cuadrículas y desde lo alto se ven todas las manzanas con sus casitas de una planta. Tenemos que hacer tiempo hasta las 17:30 que llegan nuestros warmshowers. Comemos un kebap como premio. En realidad el premio sería ir a un restaurante y comer sano y abundante, pero se escapa de nuestro presupuesto. Aun y todo, pagamos 30€ por dos kebaps con patatas y un refresco compartido. Los precios aquí están por las nubes.

Bajamos al supermercado para comprar algo de comida para el ferry y nos vamos en busca de la casa de Tim y Ally. Tres coches, canoa, moto y todo el kit ocupan toda la entrada. Una pareja mayor que no viaja en bici, pero si van al trabajo en ella y premian a cicloviajeros alojándolos gratis. Antes de cenar nos enseña toda la huerta y nos da envidia la capacidad y conocimientos para cultivarte toda la comida, tiene de todo. Después de la ducha nos espera ensalada con vegetales de la huerta, carne a la barbacoa, brownie de calabacín y refresco de su propias moras. Todo buenísimo. Conversamos sobre el proyecto y nos vamos todos a la cama, nosotros por el madrugón que nos daremos al día siguiente y ellos porque tienen horarios australianos.

Tras el descanso más que ganado, nos levantamos pronto. Tenemos que estar antes de las 7:00 en el ferry para embarcar. El cielo nos despide como nos recibió, nublado, con un aspecto amenazante. Hace fresco y el sol trata de asomarse entre las nubes y parece un incendio entre las casas. Desandamos el recorrido porque que entrábamos inocentes, verdes e ingenuos hace 28 días. Desmontamos las bicis, facturamos las maletas y nos subimos al ferry para dejar atrás una isla apasionante. Los fuegos de la isla principal nos han dado la oportunidad de conocerla y nos sentimos felices. El crucero arranca motores y deja atrás Devonport. El tiempo mejora conforme pasan las doce horas hasta Geelong. Aprovechamos el ferry para descansar y las horas pasan rápidas. Cuando llegamos, al bajar del ferry la temperatura sube diez grados o más respecto a lo vivido. Es verano de repente. Montamos las bicis y uno de los trabajadores del ferry se interesa por lo que hacemos y justo veranea en Huesca. Desde ahí vamos por las calles que un mes antes recorríamos como inicio de nuestro viaje. Antes de ir a la casa donde dormimos pasamos por la estación de tren para verificar nuestras tarjetas. Tenemos que meter algo de dinero en una para el viaje del día siguiente y pagamos 8$. Esa noche dormimos en casa de otra warmshowers, Sarah que nos acoge para afrontar nuestros últimos días en el país oceánico.  

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