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ETAPA 155 MAYFIELD CAMP-FREYCINET

77KM 675+

La espalda no ha dado tregua y me ha dado la noche. Basta que no pueda estornudar o toser, para que tenga ganas de hacerlo. Pero como siempre, la noche va pasando y amanece. A las 7:00 nos levantamos, sale el sol en frente y tenemos vistas al mar y con sol y sin viento. Rápidamente comienza a calentar dentro de la tienda y recogemos rápido. Como un robot voy empacando las bolsas y antes de las 8:00 ya tenemos todo montado. La verdad que teníamos una playa exclusiva para nosotros, pero el día anterior no hacía buena temperatura y no había ganas, aunque a la noche nos fuimos con un cielo super estrellado que anunciaba buen día para hoy.

A las 8:00 estamos sobre la bici y comenzamos con un par de rampas que nos calientan rápido. La temperatura es perfecta para pedalear y la subida entre bosque y el mar con el sol reflejado de fondo hace que viajes como estos cobren todo el sentido. Tenemos 15km hasta Swansea con pequeñas subidas y bajadas con pastos de ovejas a la izquierda y todo el litoral con entradas a playas vacías a la derecha. La verdad que Tasmania tiene una variedad increíble de paisajes y opciones super diversas y para todos los gustos. Quizá más enfocado al turismo de camping, que da la casualidad que se ajusta más a lo que queremos.

A las 9:00 entramos en Swansea y toca abastecerse para los dos próximos días y desayunar. La mayoría de ciudades y pueblos son un muestrario de casas de una planta ideales para los que nos gusta vivir en casas pequeñas, pero con buenas vistas. Dan ganas de ir llamando puerta por puerta para que te enseñen la distribución e ir anotando ideas. La única cosa, es que los aislamientos en ocasiones son nefastos y eso que tienen veranos muy calurosos e inviernos fríos. En cuanto calienta la casa arde y con frío toca buen edredón, por no hablar que se escucha todo.

En el supermercado compramos latas para cuatro comidas, fruta y dos desayunos. A partir de ahora se gestiona mejor el peso, los días más complicados fueron al salir de Strahan que tocó comprar comida para casi cinco días. En frente del supermercado pedimos dos cafés largos y nos dejan comer de nuestra comida en una mesa al solete. Es increíble con el hambre que comemos. Hay días que me meto cuatro sándwiches, con embutido, nocilla o mermelada y sin hacer mucho esfuerzo. No me imagino comiendo esa cantidad en casa. El metabolismo con la bici está en modo quemar calorías e incluso cuando paras sigue en marcha.

A las 10:30 estamos de nuevo sobre la bici, nos quedan 60km hasta Freycinet, un parque nacional que da al mar y una península al este de la isla. La dinámica de animales muertos sigue a uno o más por kilómetro y lo normalizas, pero es una barbaridad. Lo que está claro es que no hay mucho depredador o carroñero, porque hay muchos por los arcenes. En un momento dado, vemos en un prado una especie de avestruz, pero con más pelo y más prehistórica. Poco antes de la subida del día, que no es muy dura, pero son más de 5km. Hoy el tráfico a pesar de ser sábado es intenso y es el problema de que Tasmania tenga casi una carretera principal que rodea la isla. Constantemente todoterrenos con caravanas que te pasan rozando. El problema es que no hay arcenes y lo comentamos, por un lado le da ese componente rural y poco desarrollado, pero por otro te sientes muy vulnerable.

La tendencia del viento estos días es norte y conforme pasan las horas va soplando más fuerte. De camino hacia el parque nacional alternamos bosques, prados y a falta de 30km tenemos un desvío que nos lleva de nuevo a la costa. Con esa vegetación típica que tienen aquí los parques nacionales de bosques y árboles que parecen arbustos gigantes. El perfil ya es más suave y nos movemos casi todo el rato al nivel del mar. No paran de pasar coches, caravanas, furgonetas hacia los campamentos de este parque nacional. La carretera acaba ahí y parece increíble que haya tanta circulación. Antes de llegar al parque está Coles Bay y nos acordamos de que nuestra gasolina para cocinar se está terminando y por suerte hay un surtidor ahí mismo en el momento lo pienso. El combustible en Australia está bastante caro, pero en realidad no está muy lejos del precio que puede valer en Camerún con la diferencia salarial que hay entre los dos lugares. En Tasmania la mayoría de surtidores son viejísimos, gasolineras que no suelen tener techo, que pertenecen a una tiendita local, que pueden tener setenta años y que le dan un toque de viaje en el tiempo.

Nos quedan los últimos repechos para llegar al visitor center del parque. Todos los parques tienen uno, suele ser una mezcla entre moderno y materiales naturales. Tienen tienda con peluches, fotos, merchandaising sobre los parques, cafetería y sala de exposiciones y paneles informativos del parque. Hay más de 50 plazas para acampar y 70 cabañas y por suerte quedan una para acampar, pero es la que está más lejos a 2km. Queda un cuesta al 15% inesperada que nos remata las agujetas que traemos de Maria Island y la contractura que tengo en la espalda. Nuestra plaza no tiene mucha sombra, pero la tendencia del sol es clara y ponemos la tienda para unos árboles que pronto la taparán. Comemos primero nuestra ración de sándwiches con latas de atún, montamos todo el campamento y nos vamos a la playa. Son casi las 17:00 de la tarde y el solazo que nos ha hecho va desapareciendo con las nubes. Hay varias calas en frente de donde dormimos espectaculares, pero queremos ducharnos y caminamos hasta la playa que hay en frente. El parque nacional es un laberinto de caminos y pasarelas con cabañas y nos cuesta llegar hasta la playa. En la playa de un kilómetros estamos unas quince personas, no hay casi viento y el agua es un plato donde se reflejan las nubes. Hay alguna persona dentro del agua, hay que caminar mucho para poder sumergirse entero, así que la las pocas personas que hay bañándose son medios cuerpos y su reflejo. El agua está helada, como la de un río que baja de las montañas nevadas. Aunque la realidad que he vivido los últimos años en el Pirineo es que hasta los ríos bajan calientes.

Tras el baño estimulante y reparador vamos en busca de las duchas. Están en una zona para acampar con pequeñas parcelas numeradas, sin árboles y donde nos toca dormir la segunda noche. Para todas las parcelas sólo hay un váter y una ducha por género. El agua sale fría, pero en comparación con el mar, está templada. Regresamos caminando a nuestra parcela y el resto de la tarde tratamos de hacer tareas, pero entre una cosa y otra se nos va la tarde y oscurece sin haber hecho nada. Mientras preparamos la cena, los mosquitos hacen acto de presencia y nos vemos obligados a cenar en dentro de la tienda y ahí se acaba nuestra noche estrellada y el placer de conversar sentados en las sillas en un parque nacional.

Al día siguiente amanecemos tranquilos y mientras preparamos el desayuno comienza a lloviznear. Al rato para, pero nos recuerda que el tiempo en Tasmania es muy cambiante y al mirar el pronóstico de los próximos días, vemos que es casi seguro que nos vayamos a mojar, incluso esa misma noche. Al rato sale el sol y desayunamos tranquilamente, pero ya con la duda de qué nos esperan las siguientes etapas. Recogemos todo, nos mudamos de parcela y el día lo pasamos a refugio en la cafetería que hay cercana, haciendo tareas pendientes y esperando a que la lluvia nos deje poner la tienda para dormir. 

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