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ETAPA 140 LOUM-MELONG

62KM 1200+

La noche se hace larga, el cansancio de la etapa anterior hace que nos cueste dormirnos, tenemos el metabolismo acelerado y hasta la 1:00 no conciliamos sueño. Para colmo tenemos dos mosquitos que sólo suenan cerca de la oreja, pero desaparecen mágicamente cuando encendemos la luz. Retrasamos el despertador algo y nos lo tomamos con calma, aunque la etapa será dura. Sacamos todas las cosas y las bicis siguen donde las dejé candadas el día anterior. Cuando tu viaje depende de ellas, adquieren el nivel de dios y muchas de las veces te dicen que las puedes dejar apoyadas detrás en la calle como si fueran una roca de 1000kg que no llamase la atención. Algo que me funciona es decirles si ellos dejarían sus bicis ahí a la noche y ahí ya empatizan un poco.

Al lado del hotel hay una panadería, compramos pan fresco con la ilusión de comer en mucho tiempo pan recién horneado y da la casualidad de que no es muy bueno. Desayunamos con calma y con el combustible ya en su sitio iniciamos etapa. Por delante 62km subiendo casi todo el rato. Pensábamos que llegar a la carretera nacional sería descansar, pero en la misma ciudad hay muchos agujeros. A esas horas ya están muchos puestos en marcha y motos por todos los lados. Que África tiene  mucha basura no es una sorpresa, pero quizá es de los países donde más cúmulos urbanos humeantes he visto. Al salir de la ciudad hay toda una ladera donde varias personas rebuscan entre los restos, aunque están encendidos y el humo es tóxico.

Desde que salimos la carretera tiene en muchas zonas abultamiento en la brea en el lateral que te obliga a ir más dentro en ocasiones ya que no hay arcén y sobre todo mucho agujero que provoca estar pendiente todo el rato sin poder disfrutar del paisaje y para poner la mirada en los vehículos que nos respetan muy poco. Hoy el perfil es de subida desde el comienzo, alguna bajada pero vamos a llegar a los 1.000msnm. Hace dos días estábamos a nivel del mar el cual hemos mantenido prácticamente desde Gabón.

El calor hace acto de presencia desde el primer momento. Los últimos días hemos tenido 35º como poco y se nota. Vamos ascendiendo por un paisaje selvático, pero más abierto por la deforestación. Hay pueblos a menudo y nos marcamos para a los 20km en Manjo. Al comienzo cuesta coger ritmo a la subida. Hay momentos de rampas del 9%, pero lo normal va a ser picar ligeramente y tramos sostenidos del 7% donde acumularemos metros positivos rápidamente. Tenemos varios sustos de autobuses que adelantan y nos echan de la carretera. Mi pregunta es saber que harían en caso de quedarnos en la carretera, frenarían o les daría igual. Son carreteras sin visibilidad y en muy mal estado que obliga a esquivar agujeros y la velocidad en muchos casos supera los 100km/h. Los camiones y buses nos respetan poco, pero las furgonetas se cruzan delante nuestra para dejar o montar personas y les da igual si tienes que parar en seco. Alguna se ha llevado un golpe en la parte trasera cuando arranca.

Cuando llegamos a Manjo paramos para tomar un refresco y grabando a Shei descargando sus cosas nos toca otro de esos protagonistas que porque no le preguntamos para grabar la calle. Esta vez trato de ponerle humor. “¿No sabía que eras el dueño de la calle?”, “la calle es mía”, está borracho y le digo que un placer conocer al presidente del Gobierno, una mujer se ríe de fondo, pero él sigue a lo suyo, con lo que decidimos irnos a otro sitio. La que pierde es la dueña del lugar que pone mala cara hacia el tonto de turno. Nos vamos un poco más adelante y nos tomamos un refresco, bajamos temperatura y descansamos un poco. Desde ahí nos quedan 24km subiendo, sin mucho desnivel, pero el calor endurece mucho. El refresco está medio caliente. El local es un porche con techo de madera y chapa. Cuatro mesas de madera con un hule de plástico ya descolorido y sillas de plástico. Detrás un sitio donde cocina con gas, platos y perolas apiladas en una estantería de madera y baldes para lavar. La bebida no está fría del todo y hay tres tipos de cerveza y algunos refrescos. Eso es todo. Pienso en la capacidad de sobrevivir de un local así en España donde tienen que tener todo tipo de bebibas, para servir cafés, pintxos, ser un local atractivo y aún y todo nada te asegura el éxito. Aquí cualquiera con ganas puede montar un negocio.

Nos despedimos de los cuatro hombres que están bebiendo cerveza y nos lanzamos al calor. Hoy toca asumir que el ritmo es lento y que será una etapa larga. El paisaje no merma su verdor en ningún momento. Nos marcamos como descanso la población de Nkongsamba, desde donde queda la última subida. Van pasando los kilómetros y las montañas asoman al fondo, algunas con una corona de niebla. A momentos la maleza estrecha la carretera y nos deja sin el arcén de tierra que por lo menos es nuestra salvación. En una parada que hacemos porque se me sube el cuádriceps un grupo de chavales pregunta que a donde vamos, le decimos que Dschang y como está después de un puerto duro ponen cara de “¿con las bicis?”, lo que no saben es que venimos de Sudáfrica. Estaba mejor al comienzo cuando les decías Camerún e impresionaba incluso a nosotros y ahora estamos a una etapa de acabar el segundo bloque.

Cuando llegamos a Nkongsamba es una ciudad grande, sobre todo con muchos puestos por todo y mercadillos. En cuanto vemos uno que vende bananas nos paramos y compramos un manojo de 10 por medio euro. También hay tomates y hace días que no encontramos. Nos hacemos un bocadillo de atún con tomate que nos sabe a gloria, dos plátanos y ya estamos a tope, pero antes de salir toca arreglar otro pinchazo de Shei, o la cámara tiene muchos pinchazos, o hemos arreglado mal o hay un pincho indetectable en la cubierta. Da pereza, pero no queda otra. Como es la 13:00 preferimos comer algo y no llegar desfondados y comer tarde.

Los cinco kilómetros que quedan de subida son por el estilo a lo que hemos subido, pero con mucho más trafico de camiones. Vamos en fila india porque nos han echado dos veces de la vía y no queremos sustos. Por fin vemos e lugar más alto de la etapa. Hay una población arriba, un control de policía y calles que confluyen en una rotonda, el atasco es grande, camiones, autobuses, motos, coches, todos quieren pasar y cuando estás subiendo y vas cansado, ese agobio es lo que menos apetece. Arriba hay puestos de venta y desde cada uno llega el saludo a los blanc, también desde los bares.

En el alto, la bajada no termina de llegar y nos regala un poco de descanso y otro repecho, descanso repecho y asumimos que no tendremos el descenso deseado. En esa zona hay muchos puestos donde queman aceite de palma. Casetas con varios bidones negros del fuego donde cuecen el fruto de la palma para extraer el aceite. El olor es amargo, casi industrial y parece muy nocivo. Ellos pasan los días respirándolo y me gustaría ver placas de sus pulmones y su esperanza de vida.

La llegada a Melong viene tras un llaneo de kilómetros a 900msnm, con algo menos de calor y con un paisaje algo menos frondoso que lo que venimos viendo. Nos metemos por un camino que cruza el pueblo. En época seca la tierra por el paso de tanto vehículo se pulveriza hasta ser casi como harina, el paso de camiones e incluso de nosotros mismos levanta una nube de polvo que parece niebla en momentos. Al terminar las etapas la bici y las alforjas están cubiertas de polvo, que en el caso de cadenas y piñones es peligroso porque desgasta mucho. En el caso de nuestra ropa, al mezclarse con el sudor es viajar manchados siempre. Por suerte en África es lo habitual y nadie te mira con mala cara a pesar de nuestra ropa indecente.

En el alto del pueblo nos espera un colegio con una iglesia. Los niños juegan al fútbol y con dos bicis. Hay parón escolar, pero casi todos son huérfanos. Algunos viven ahí, pero muchos no tienen casa, me cuenta Jannik, el cura que nos recibe. Es un chico negro que ha sido destinado ahí y que presta ayuda a toda esa zona. Nos pide esperar hasta las 18:00, celebra misa en una pequeña capilla aledaña, mientras los niños mueven bancos y limpian la iglesia principal. En esas dos horas nos duchamos en su casa, un cuarto de baño con una bombilla que casi no da luz y lleno de ropa de todos los niños para lavar. El cura no quiere que durmamos en la calle y nos prepara un cuarto. Nos deja libres mientras atiende a feligreses. Escribo la etapa con un niño muy pequeño comiendo caña de azúcar con pasión, tiene los ojos puestos en lo que escribo, pero regresa al placer que le da la caña de azúcar, con destreza muerde y arranca la cáscara para acceder al interior y exprimirlo. Así tienen las dentaduras tan fuertes, desde pequeños las usan.

Luego en la casa, los niños ven una película y les hacemos unas palomitas que llevamos con nosotros y las devoran. Con qué poco puedes hacer feliz a una persona. Conversamos con Jannik sobre la realidad que le toca vivir con tanto niño huérfano y las necesidades. Otro nombre a la lista de futuros proyectos. Después de cenar nos vamos a la cama. En la casa hay varios cuartos y los niños comparten camas, uno de los curas duerme en el sofá, me temo que nos ha dejado su cuarto. Con tanta conversación y no poder instalarnos con normalidad, me quedo hasta tarde escribiendo y editando. 

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