77KM 900+
El paracetamol que me tomo antes de dormir me hace sudar para bajar la fiebre, pero me da más descanso. Sudamos mucho durante la noche, pero nada a lo que no estemos acostumbrados. Los gallos empiezan a dar la tabarra desde las 5:00 y justo el que tenemos al lado de la escuela, que además desafina bastante es el que más insiste. Con lo que estamos despiertos mucho antes de nuestra alarma. Aún y todo aguantamos hasta las 6:30 en la tienda. Recogemos todo con calma y seguimos con el cuerpillo algo revuelto, pero con algo más de energía. Dejamos la clase más ordenada de como la encontramos y entregamos la llave a la directora de preescolar. Antes de irnos aparece el dueño de la finca donde está construida la parcela. Charlamos un rato y vamos a por agua, ya que estamos escasos y no sabemos como de dura será la etapa para salir a la principal. Por lo que nos avisaron el día anterior muy mal estado de camino desde Bonepoupa.
Está algo neblinoso y unas chicas vienen con cubos de agua, el sol se filtra y la foto es preciosa. Les pregunto si puedo hacerles una foto y acceden. Justo en el momento que nos estamos riendo un chico sale sin camisa y se pone a gritar de que hago haciendo fotos a las niñas. Le digo que les he preguntado primero, pero viene muy agresivo, quiere quitarme el móvil y me agarra la bici. Ahí la tensión sube por las nubes y sus maneras son muy bruscas, tanto que las chicas se callan y se marchan. Sheila viene corriendo con una mujer y el chico me quiere llevar a donde la policía. Me voy tensando por momentos y el puño está cargado ya para soltar un puñetazo como siga así. Una mujer asegura que les he preguntado y lo cierto es que nadie defiende al chico, tiene pinta de dar problemas y le dicen que nos deje en paz. Al final cuando suelta la bici le grito a Sheila para irnos de ahí aunque no tengamos agua. El día comienza torcido y nunca se sabe cuando un idiota te la puede liar. No tiene pinta de poli, ¿pero y si lo es?, por una foto paso de pasar la mañana dando explicaciones. La rabia es no poder expresarte bien en su idioma y decirle cuatro cosas.
En cuanto salimos del pueblo y nos alejamos, los niños saludan, la gente sonríe y volvemos a nuestra ruta el calentón se pasa y dejamos al idiota en su realidad, de la que es probable no salga nunca. Por suerte encontramos una tienda a los pocos kilómetros y compramos pan y agua. El camino alterna carretera con trozos de camino, cada vez más estrecho, silencioso, lo que deja la naturaleza claro, verde, matinal. Disfrutamos a ritmo de esquivar agujeros y subir pequeñas cuestas. A los 16km llegamos a Bonepoupa y cruzamos un puente de hierro por encima del rio Dibamba. Un señor nos dijo el día anterior que desde ahí empeoraba el camino y efectivamente se acaba el asfalto y todo es tierra con mucha piedra. Quizá para coches y camiones es muy malo, pero en bici es aceptable, siempre que no llueva.
Antes de llegar a Bonepoupa II hay un colegio vacío por vacaciones y paramos a desayunar con pan del día anterior y guardamos el de la mañana para comer. Nos sentamos en un pupitre que hay fuera del aula en mirando a un patio de tierra con dos porterías hechas de palos de bambú, con una plantación de plataneros ya recolectados y vistas a la selva. Las instalaciones son muy precarias, pero el entorno es increíble. Tras llenar el cuerpo de energía cruzamos un pueblo que se ve que es cruce de caminos. Hay varios mercados, aún sin montar, es temprano y domingo, todos están celebrando misa. Desde Douala viene un camino de tierra, pero desde ahí tenemos carretera asfaltada y sin agujeros.
Comenzamos un sube baja a poca altitud que acumula metros rápidamente y además el sol hace acto de presencia. Entre lo cansados que estamos y que la humedad y el sol, el más fuerte de todo África, nos están agotando, las etapas se nos hacen duras. Lo bueno es que casi no hay coches y vamos solos lomeando con vistas a una inmensidad selvática impresionante. Tenía otra imagen de Camerún y seguro que hacia otras partes del país es lo que yo tengo en la cabeza. Al ser carretera más importante, vemos menos gente por los arcenes y menos poblados. Nos marcamos pasar los 50km de etapa para hacer la segunda parada y en un alto con rampas al 9% y sudados de arriba abajo es el lugar perfecto. Ahí está el típico control policial, mientras sube Sheila un militar con un fusil me saluda y le cuento un poco, sonríe, pero se ve que quiere algo, nos acercamos a tomar un refresco a un cobertizo de madera que como no hay luz, está del tiempo. Me hago un selfie para contar donde estamos y eso espanta al poli. Descansamos un poco, bajamos temperatura y al grabar a Shei como monta la bici, otro señor me increpa que no puedo grabar. Hoy es el día del tonto y le pregunto si él es el dueño de lo que puedo grabar de mi mujer o no, a lo que dice que no, entonces nada más que hablar. Un señor que arregla su furgoneta cargada de plátanos nos dice que ese señor es un discutidor, pero hoy con el comienzo que hemos tenido, no apetece enzarzarse de nuevo así que nos vamos.
Hemos cumplido ocho meses de rumbos olvidados sobre la bici y allí que el día que salimos con todas las dudas y sin darnos cuenta estamos llegando al tercer proyecto. Lo que queda de etapa sigue la misma dinámica de subidas y bajadas que cada vez cuestan más. El calor es muy intenso y te parasita la energía. Vemos ya las torres de comunicación de Yabassi al fondo. Algo que te ayuda a saber si hay poblaciones cerca en África, muchas veces es las torres con parabólicas. La cuestión será saber si es de tu compañía y tendrás cobertura o no. Antes de llegar bajamos hasta el río Wouri y para rematar la etapa queda una rampa al 12% que no apetece mucho. El pueblo parece abandonado, una calle hacia la izquierda con muchos puestos de madera que son bares cerrados, el resto abiertos, tienen varias personas bebiendo cervezas y en una terraza con cuatro mesas hay unos chicos con un fuego de gas, dos cartones de huevos, espaguetis cocinados y haciendo tortilla de espaguetis por medio euro. Tenemos hambre y es fin de etapa así que pedimos dos. Nos lo metemos entre pan y pan y por lo menos ya hemos comido algo. Mientras comemos en frente unos hombres discuten sobre el partido que han jugado, gritan mucho y es muy molesto. Alcohol, fútbol y africanos es mala combinación. Lo flipante es ver como unos críos sacan un negocio de la nada y salen adelante. Queremos comprar algo para cenar y el día siguiente, la parte del pueblo con tiendas está algo más alejada, pero no da buena imagen, basura, edificios sin terminar de construir, música my alta en otros bares y en los dos puestos de venta de cosas, hay algunos tomates revenidos que sacan líquido y en la tienda no hay latas de alubias, tampoco pan, ni galletas. Así que compramos agua y bollos. Hoy cenaremos con lo que tenemos y a ver si al final de la etapa de mañana hay alguna tienda más grande. Buscamos el colegio y resulta que al final del pueblo donde hay un poste de la luz caído y roto en el suelo hay una universidad. El estado es lamentable, todos los edificios con mohos, paredes sucias, ventanas rotas, puertas desencajadas, basura, parece un edificio tras la guerra, pero está en funcionamiento, parece mentira que haya personas que estudien ahí. Nos abren una especie de sala de gimnasia con pilas y colchones apilados, los cables de electricidad salen de la pared, aunque no hay luz. En un pozo que hay más abajo llenamos la bolsa de agua para ducharnos y nos duchamos en uno de los pasillos que tiene un jardín de piedras. Nos instalamos en la sala y mientras arreglamos el pinchazo que Sheila ha tenido al final de etapa, un policía llama a la puerta y toma foto de nuestros pasaportes y los datos. Ni sé como se ha enterado que estamos ahí, ni para que tanto dato. Nos pide que informemos a la siguiente gendarmería que lleguemos. No lo hemos hecho nunca y es una perdida de tiempo ya que tienen ganas de hablar y se te va una hora con nada. Con lo que lo mejor es hacerse el tonto.
Al marcharse, arreglamos las averías, escribimos, cocinamos, cenamos y a la cama que al día siguiente nos espera una etapa dura hasta Loum.