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ETAPA 128 BENGOLE-KOGO

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42KM 330+

Entre el calor, que en mitad de la noche alguna pareja lo ha dado todo y que toca paso fronterizo algo complicado, no terminamos de descansar. Además las clases empiezan pronto y toca madrugar. A las 6:00 ya estamos en marcha recogemos las alforjas y mucho antes de las clases ya está la directora que viene a saludar, al poco rato viene Pieby, el otro profesor para despedirnos. Nos cambiamos contactos y quedamos en ver el costo del arreglo del pozo. Mientras recogemos los tres hijos del profe miran atentamente. Al salir del Bengole los cuatro regresan a su casa, aún queda media hora hasta que comience la clase.

Aunque ha llovido durante la noche el camino no está muy mal. Se nota la humedad, pero la bici marcha bien. Poco a poco nos vamos llenando de barro, pero no es nada grave. Es temprano y de vez en cuando nos cruzamos con mujeres que van con sus cestos a las espaldas para ir a por madera al bosque. En ese lugar y a esas horas les descoloca mucho ver a dos extranjeros en bici. Me gustaría saber realmente cuál es su pensamiento, intuyo una mezcla entre “¿qué se les ha perdido a estos por aquí?, ¿Qué tiene de interesante este lugar del que me quiero ir para estos blancos? y estos blancos están locos”. De cualquier manera nos alegramos la mañana mutuamente al saludarnos. Los caminos de tierra roja son muy amplios y le quitan cierto encanto al entorno.

A los 15km vemos una caseta con unos bancos y tenemos hambre, el sitio nos llama para desayunar algo. Sacamos el pan de hace dos días, algo de nocilla y café. Algo tan sencillo nos satisface de una manera superlativa. Antes de terminar aparece una mujer muy mayor con un cesto en la cabeza, es muy delgada, a penas tiene dientes, pensamos que nos quiere vender algo, pero es la dueña de la parcela, nos pregunta qué tal estamos y a dónde vamos. Nos da la bienvenida y se marcha. De las casas que hemos visto, es de las más bonitas y muy cuidada. Pronto su calma será alterada por la construcción de la carretera y el tráfico que supondrá.

Vamos avanzando y hay tramos donde hay calvas forestales enormes. Con un bosque uno puede pensar que no tiene importancia, pero al ritmo que van, tengo curiosidad cómo estará dentro de cinco años. Esa carretera tendrá un aspecto muy diferente. Por el momento disfrutamos de la etapa y de esa foto salvaje que en un momento dado nos obliga a pararnos de la cantidad de sonidos que emite, es sobrecogedor. Por las lluvias, por la frondosidad, por la seguridad y por muchas cosas no hemos dormido en la selva, pero tiene que ser una experiencia.

Hoy la etapa es corta y a falta de ocho kilómetros ya tenemos asfalto y se agradece, avanzamos más rápido a pesar de las cuestas. Es un anticipo de lo que nos espera en Guinea. Las casas de Kogo se empiezan a ver desde lejos y en uan de las colinas de repente asoma el mar, con su olor, con su brisa. Las casas en costa tienen más colores y Coco Beach es una ciudad de comercio y se nota el trajín. Lo primero que queremos hacer es sellar el pasaporte y vamos por una calle en construcción hasta la policía de inmigración. Nos cogen los pasaportes y esperamos fuera. Mientras tanto hablamos con una mujer de Guinea, en castellano, primera vez en muchos meses que no tenemos que pensar para hablar. Al rato le decimos cuando nos dan los pasaportes y nos dice que se los lleva el conductor de la barca y nos lo da antes de montar. La verdad que no da mucha confianza, pero ella lo hace y gracias a eso le seguimos, pero si no, estoy seguro que habríamos discutido para quedárnoslos. El conductor de la barca nos dice que le sigamos hasta la aduana. Nosotros no tenemos nada que declarar, pero está claro que es una forma de sacar dinero. Vamos con las bicis por la playa y salimos a una calle donde hay mucha basura, bares y tiendas. Las personas que vendrán en la barca están ahí esperando con sus fardos.

Se nos acercan dos hombres fumando, uno con un brazalete de aduanas con evidente ebriedad y con tez aceitunada, le llaman “blanco”. Nos mira y nos dice que no hace falta desmontar las bicis para llevar las bolsas. Le decimos que no es mercancía, que es ropa. El de la barca nos dice el precio para ir y de primeras nos quiere cobrar el doble por las bicis que por nosotros, más de 90€ para un viaje en barca de 40 minutos. El tío está en modo estafa y conseguimos rebajar a 70€, pero sigue siendo una barbaridad. A otra mujer por su fardo le cobra 3€, a nosotros por cada bici 20€. Estamos que rabiamos, pero tienen nuestros pasaportes y él lo sabe. La barca está en el agua y poco a poco van subiendo los bultos entre ellos nuestras bicis. Con todo montado, el de aduanas con cara de corrupto y ojos semicerrados de la borrachera me dice que donde está su parte o si no bajamos las bicis para revisarlas. No queda otra que darle algo para que se vaya. La corrupción del sistema y los estafadores empañan la salida de un país amable y tratamos de separarlo emocionalmente. Lo peor viene cuando ahora nos dicen que tenemos que volver al sitio de inicio a por los pasaportes y dejar las bicis sobre la barca. La guineana nos dice que vayamos, que no hay problema, pero no resulta fácil. Al final desde un embarcadero debajo de donde la policía donde podríamos haber cargado inicialmente, viene la barca, nos dan los pasaportes y montamos mojándonos enteros debido al oleaje que zarandea el casco a su gusto. Está claro que te obligan a pasar por aduanas porque los polis y el de la barca no han parado de repetirlo, aunque no sea necesario.

Ya estamos en la barca, ocho personas y todos los bultos amontonados de la mitad hasta la proa. Nos ponen unos chalecos viejos que son peores puestos. Yo lo dejo sobre los bultos, me fio más de mi capacidad que de un chaleco sin cuerdas. El sol pega fuerte y llevamos los cascos para proteger la cabeza. El mar está suave y vamos hacia Kogo, un pueblecito en la costa de Guinea Ecuatorial. Dejo las playeras y los calcetines sobre las cosas a ver si se secan algo. Entramos por la salida del río Mitemelé, a ambos lados la costa es una línea verde de árboles. Durante el viaje, Sheila le pregunta a una de las que viajan, cuánto ha pagado y al decirle nuestro precio, vemos una expresión de “vaya robo”. Relativamente pronto llegamos a Kogo y toca bajar las bicis. Varios chicos se acercan para ayudar y encima habrá que pagarles, pero lo cierto es que les necesitamos, entre Sheila y yo no podemos bajar las bicis con ese peso. Nos dan ganas de decirles que su dinero se lo hemos dado al barquero, pero el barquero no les va a dar nada. Así que pagamos un poco y me acerco al barquero para decirle que por lo menos podría sonreír, que hoy tiene motivos con todo el dinero que nos ha robado. La gente de abajo se ríe y el se hace el indignado.

Vienen la policía y se lleva nuestro pasaporte y nos señala a dónde tenemos que ir. Hablan español y todo es más fácil. Le pido que por favor pongan el sello en una página ya ocupada para que me dure más. Me dice que no me preocupe. Al subir, varias personas esperan a que les entreguen sus documentos repartidos entre dentro y fuera. Un edificio viejo, con sillas medio rotas, las letras de Policía de aduanas pintadas de forma irregular. Nos entregan relativamente rápido los pasaportes y han puesto el cuño en una página nueva, vuelvo para decirle y me dice que no pasa nada, en fin, toca respirar profundo y situarse en el nuevo país. Abajo Sheila charla con un par de curas y varios policías. Va sacando información sobre cómo serán los próximos días y les cuenta que hacemos ahí. Da gusto poder entenderse tan fácil. Nos indican un lugar donde comer bien y barato y allí vamos. Un chico de Níger nos vende dos platos generosos de arroz con pollo y dos botellas por 3€. Con el dinero que nos ha quitado el de la barca podrían comer 16 personas… De ahí vamos a donde las hermanas del Santo Ángel que nos van a acoger gracias a un contacto del pueblo de Shei. Ahí nos recibe Dalny una guineana con nos espera con alegría “por fin”. Tienen preparadas dos camas, una buena ducha, podemos limpiar las bicis y encima Daly nos ha comprado tarjeta de teléfono. Después del trabajo diario cenamos con ellas y nos vamos a la cama que toca descansar para dos etapas muy duras camino de Acurenam. 

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